Noto su suave piel apretando mi mano. Todo debe haber sido una pesadilla. Sí, eso ha sido. Necesito ver a Josh. Pronto haré un viaje. Menos mal que nada ha ocurrido de verdad. Menos mal.
-Rebecca, dime por qué lo hiciste – oigo a alguien sollozar. -¿Por qué? Dime que ese capullo no tuvo nada que ver. Júramelo – es Eric.
-¿Qué? – murmuro estupefacta. Nos encontramos en una habitación bastante grande, pero estamos a oscuras, miro por la ventana y una imagen llega a mi cabeza… Oh, no. De golpe voy recordando todo lo que ha pasado: Broche Caído, La Perla, mi hermano muerto, yo escapando en un taxi, mi intento fallido de suicidio… -Eric… ¿Por qué demonios lo hiciste? Yo no puedo vivir así, no quiero. He perdido lo más importante para mí, he perdido a Josh… - y las lágrimas rehacen el camino de siempre. Poco a poco siento como Eric me envuelve entre sus brazos y me acuna, por así decirlo. Me susurra palabras cariñosas y más tarde, me rindo al sueño entre sus brazos, ambos tumbados en el frío suelo de baldosas blancas, inmaculadas y perfectas. En mis sueños, las palabras se mezclan y veo el significado muy claro… He estado cara a cara con la muerte, y he ganado la primera batalla.
“Se podía morir de muchas maneras, pero, sin duda, esta era la mejor…”
FIN DE LA PRIMERA PARTE.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
jueves, 12 de septiembre de 2013
Capítulo 26.
Le pido al taxista que acelere lo máximo posible, y
mientras, intento alejar de mi cabeza la tenebrosa imagen, no puedo dejar de
comerme las uñas (haciéndome así, sangre). Siento unas ganas enormes de matar a
John. Él es el culpable de la muerte de Josh (también Jesús), aunque yo me
siento culpable en cierta parte por dejar que se sacrificara por mí. Joder, soy
una hermana horrible. Ahora también tendré que dejar sola a Vane en Madrid para
hacer compañía a mis padres y que no se sientan solos y abandonados por sus dos
hijos.
* * * *
Día 12 de
Octubre del 2013…
-Hola papá, hola mamá… -digo temblando al llegar a
casa. -¿Podría quedarme a vivir aquí con vosotros?
-Pero Rebecca… No hay habitaciones libres y lo sabes,
cariño – ahora es cuando les cuento una verdad oculta en una mentira.
-Sí, emm… Josh se cruzó conmigo cuando se iba de casa.
Dice que es demasiado mayor para vivir con vosotros, que se largaba lejos a
completar su vida y que no sabía cuándo volvería, si vuelve alguna vez – tras
esto, mi madre se echa a llorar sobre mi hombro y me aprieta muy fuertemente
contra ella, mientras que mi padre simplemente se queda impactado. Todo ha sido
mucho mejor así, Josh sigue vivo en nuestros corazones. Espero que los hombres
de John se deshagan de su cuerpo para no causar más dolor a mi familia.
-¿Y por qué te vas a quedar aquí? ¿Te lo ordenó él?
Hija… No tienes que perder toda tu vida allí en Madrid por nosotros. Podemos
cuidarnos solos – mi madre nunca ha estado tan triste, eso me impide hacerle
caso.
-Mamá, me voy a quedar. No vas a perder a ambos hijos
en un solo día. No. Me niego a irme – replico enfurecida porque esto no es
culpa suya, es culpa de John y de todo ese tema relacionado con La Perla.
-Rebecca, vuelve al hotel y márchate con Jesús, él te
necesita. Nosotros no – dice sabiamente mi padre, aunque dudo que Jesús me
necesite. Opino que Jesús solo me tiene de entretenimiento para poder ocultar
su avaricia. Por no haber entregado La Perla, han matado a mi hermano. A Josh…
Cada vez estoy más y más furiosa. Me despido de mis padres y voy camino al
hotel, dispuesta a poner fin a todo mi sufrimiento.
* * * *
Camino lentamente por el pasillo que me dirige a mi
habitación, cuando…
-¡Rebecca! – grita alguien a mis espaldas. –Me dijeron
que te habías escapado, ¿cómo?
-Jesús… - debo ser fuerte. Yo puedo con esto y con
muchísimo más. –Aléjate de mí – observo que está más que asombrado. –Lo sé
todo. Josh me lo contó… Y por tu culpa, ahora él está muerto – lo he dicho, la
garganta se me cierra y siento una espiral que me impide tragar. Estoy a punto
de llorar. Salgo corriendo hacia mi habitación y cierro la puerta de un portazo,
dudo que Jesús venga a verme. Ahora nadie puede verme tirada en el suelo, en
posición fetal. Este es mi fin. Rebecca Johnson no puede soportar este
sufrimiento más. He perdido lo que más quería. He perdido a mi hermano. Quiero
volver a su lado. Poco a poco me levanto del suelo y me acerco al balcón de mi
cuarto. Voy a poner fin a todo mi dolor y voy a volver al lado de Josh. Siento
de veras el dolor que causaré a mis padres, pero no aguanto más. Ya no quiero
vivir. Me coloco dispuesta a saltar. Adiós, estúpido mundo. Adiós. Y me dejo
caer.
martes, 10 de septiembre de 2013
Capítulo 25.
La noche del
día 17 de Abril del 2004…
Un joven vestido de negro (sudadera Adidas y una gorra de skeater) es
perseguido por un joven alto con el pelo negro como el carbón, que empuña un
arma en su mano derecha, en una callejuela oscura de Madrid.
-Para o te juro que disparo, John – dice el muchacho
alto, de ojos azules como el hielo.
-Jota, no puedo creer que te hayas puesto contra nosotros,
contra tus amigos. Siempre te tuve como mi mano derecha, siempre…
-Calla. Me he cansado de vuestros estúpidos juegos. Toda
esta mierda no es lo que quiero en mi futuro, John. Mi futuro no es estar entre
ratas como vosotros. Solo me hacéis caer cada vez más bajo, al principio solo
eran pequeños robos, pero esta vez, fue un asesinato, no quiero acabar en la
cárcel. Este será mi último crimen… - dice amenazante mientras se acerca lentamente
con la pistola a John.
-No me mates, Jota, por favor… - suplica el skeater
con la voz temblorosa.
-¡No te voy a matar, idiota! Dame La Perla, vamos –
John no quería cooperar, entonces Jota le apunta con la pistola y le arrebata
algo de un bolsillo de la sudadera. El objeto cae al suelo cuando John le pega
un codazo, haciendo que la pistola salga lanzada hacia el suelo, y rápidamente
huye entre la oscuridad…
-¡ERES UN CABRÓN, JOTA, NUNCA MERECISTE SER MI MANO
DERECHA! ¡TRAIDOR! - grita mientras se
aleja. –La perla (…) Broche Caído, no mereces otro nombre…
* * * *
Día 11 de
Octubre del 2013…
Me acabo de despertar con el ruido de una puerta…
Ahora recuerdo dónde estoy. Sigo secuestrada en Dios sabe dónde y no puedo escapar hasta que Jesús entregue a
todos estos hombres lo que quieren: La Perla, que según Josh me contó ayer,
porque le supliqué, es un broche antiguo y de mucho valor, que estaba en posición
de un grupo de criminales (al cual pertenecía Jesús, aunque yo siga sin
creerlo), pero tras un asesinato, Jesús (al que llamaban Jota en sus años de
juventud) se jugó su vida robando el broche. Actualmente, el broche sigue en
propiedad de Jesús, o Broche Caído, que es como lo llaman todos estos tipos… No
sé cómo se ha llegado a involucrar mi hermano aquí, pero ahora es la nueva mano
derecha de John (que es Mario, aunque aquí nadie lo llama así, él fingió el
accidente de coche y su muerte para poder volar a Londres e investigar si era
cierto el rumor de que Jesús había vendido La Perla a un rico empresario, pero
todo era falso, un simple rumor…).
-Broche Caído anda buscándote, hermanita… Y se ofrece
a pagar un millón de euros por ti, pero nosotros no queremos dinero, queremos
La Perla, así que seguirás aquí durante un largo tiempo – la voz de Josh se
notaba enfadada.
-¿Qué tiene ese broche para que sea tan importante? –
pregunto decididamente, esperando una bofetada por parte de mi hermano. –Porque…
No creo que valga más de un millón de euros.
-Nunca lo entenderías, Becky – así es cómo me llamaba
de pequeña. Un recuerdo llega de inmediato a mi mente…
* * * *
Día 25 de Diciembre
del 1994…
Hoy es el día de Navidad, vivimos en una granja, Papá
Noel me ha traído una preciosa muñeca de porcelana porque me porté bien durante
todo el año. Papá acaba de llegar a casa y decido salir a recibirle…
-¡Papiiiii! – me abalanzo sobre él, me coge al vuelo y
me da un beso en la mejilla.
-Mi pequeña… ¿Te gustó lo que te trajo ese gordo vejestorio?
– me dice sonriendo y yo asiento eufóricamente. De repente, ambos oímos un
fuerte golpe en las escaleras y nos acercamos rápidamente. Mi hermano Josh acababa
de tropezar y le salía sangre de la
cabeza.
-¡Josh! – gritó mi padre preocupado, rápidamente mi
madre también acudió. Yo solo lloraba y lloraba. A Josh le salía tanta sangre
que pensaba que se iba a morir. Mis padres me ordenaron que me quedara a su
lado mientras uno sacaba el coche y otro cogía los abrigos y paraguas.
-Josh, hermanito… - sollozaba. –No te mueras, por
favor…
-Becky, Becky… Te quiero – y más tarde solo se me oía
a mí llorar pensando que lo había perdido para siempre…
* * * *
Día 11 de
Octubre del 2013…
-¿En qué piensas, Rebecca? – murmura Josh.
-Josh… Lo lamento tanto… - la primera lágrima cae por
mi mejilla y él la atrapa con dulzura. –Nunca debería haber partido hacia
Madrid. Jamás te hubieras topado con ellos. Te quiero. Perdóname. Josh… - me
estaba abrazando. No quiero que este momento pase. No quiero que mi hermano me
vuelva a pegar, jamás. Le quiero, él no es él cuando me pega, lo sé.
-Becky… No llores, por favor. Yo soy el que debe
lamentarlo, pero… Créeme que no lo lamento porque me he convertido en un monstruo
y ya no puedo sentir nada. Estoy vacío por dentro. Me coloco y he olvidado
muchas cosas, pero aun así sé que yo siempre te he querido muchísimo – me dice al
oído mientras seguimos abrazados. Me empieza a guiar hacia la puerta que la
oscuridad me impedía ver. –Vas a salir de aquí, porque tú no tienes la culpa de
nada de lo que ha ocurrido, pero permite que te dé un último consejo…
-¿Sí? – estoy muy atenta.
-Jamás te vuelvas a acercar a mí, no merezco tener una
hermana tan buena como tú, soy un estúpido, lo sé… Ah, y aléjate de Broche
Caído, hazme caso, por favor – ambos nos dirigimos sigilosamente a la puerta de
salida de aquellos almacenes. –Te pedí un taxi, está al cruzar la calle… Te
quiero, Becky.
-Y yo a ti, Josh… ¿Qué pasará con papá y mamá? – le pregunto
inocentemente.
-No volveré a casa, no quiero meterlos en todo este
lío. Quédate con ellos, no vuelvas a Madrid, por favor. No quiero que ellos
sufran por perder a ambos hijos – asiento levemente y corro hacia el taxi que
me está esperando al otro lado de la carretera… Me asomo por la ventana y lo
último que veo antes de que el taxi acelere es como Josh mueve los labios
murmurando la palabra “Huye”, luego, cuatro hombres vestidos de negros lo
agarran fuertemente y veo como uno de ellos le mete un balazo en la cabeza a mi
único hermano.
lunes, 9 de septiembre de 2013
Capítulo 24.
La multitud corre hacia cualquier dirección. Todo son
gritos y sollozos. Jesús me está sosteniendo entre sus brazos protectoramente
mientras nos alejamos en busca de la salida. A lo lejos veo al tipo que ha
disparado, y entonces me doy cuenta de que es él, es Mario. La salida está
cerrada, parece ser que estamos aquí atrapados.
-Rebecca, tienes que conseguir llegar a la puerta
lateral pasando desapercibida, después, llega hasta el bar que hace esquina, el
de las ventanas de vidrio verde, y espérame en los baños. Si alguien te sigue,
intenta que te pierda de vista. ¿Vale? – me susurra al oído y yo asiento. –Te
quiero, nos veremos allí en unos cuarenta y cinco minutos – me aferro a él,
pensando que todo se ha acabado sin haber comenzado y salgo corriendo hasta que
me doy cuenta de que tengo llena de sangre mi camisa de tela.
* * * *
He estado corriendo durante quince minutos, mientras
vigilaba que nadie me siguiera, hasta llegar a esta taberna de mal augurio.
Actualmente estoy encerrada en el baño de mujeres y he estado comprobando mi
piel, a ver si tenía algún balazo, pero no. Eso solo me deja una opción en la
que pensar: Jesús está herido ahí fuera y puede que esté teniendo problemas,
pero si me dijo que viniera aquí es porque puede solucionarlo todo él solo, o al
menos eso espero.
* * * *
Los minutos han pasado y ya son las 14:48, Jesús ya
debería haber llegado… De repente oigo como alguien entra en el baño de
hombres, inspecciona el cuarto y vuelve para entrar en el de mujeres. Jesús ya
está aquí. La puerta se abre y…
-¡Mario! – grito estupefacta.
-Sabía que estabas aquí, niña. Ah, y llámame John.
Vamos, ven conmigo – dice de mala gana.
-¿Dónde está Jesús? – no, no, no. No voy a ir con este
psicópata a ninguna parte si no sé dónde está Jesús.
-¿Quién? ¿Broche Caído? – me pregunta maliciosamente. ¿Broche
Caí…? No sé de quién me está hablando… John me agarra por la mano fuertemente.
–Vámonos, no debemos perder el tiempo.
-¡Suéltame, hijo de puta! – le propino un rodillazo en
el estómago y salgo corriendo del cuarto de baño, pero… Cuando quiero darme
cuenta, tres fornidos hombres me apuntan con pistolas.
* * * *
Cuando me despierto, tengo las manos y los pies
totalmente inmovilizados. Me encuentro perdida en la oscuridad y sentada en una
silla. Empiezo a gritar por pura tensión que recorre mi cuerpo. No me pueden
haber secuestrado y tenerme aquí retenida por semanas.
-Cállate, Rebecca – dice una voz conocida, la he oído
esta mañana. –No vas a salir de aquí hasta que Broche Caído nos traiga lo que
nos pertenece.
-¿Josh…? ¿Eres tú? – y recibo un puñetazo en mi
mandíbula. Esto no puede ir peor. Me siento dolorida de arriba abajo. –Josh…
¿Cómo puedes estar haciéndome esto, a tu propia hermana…? ¿Y quién narices es
Broche Caído? – le pregunto sollozando.
-Shhh. Cállate. Broche Caído es ese tipo al que llamas
novio…
-No tengo novio, Jesús y yo solo somos amigos –
replico en mi defensa. -¿Por qué lo llamas Broche Caído?
-Oh, ¿no te lo ha contado? – se burla de mí. –Pues vaya,
te quedarás sin saberlo, porque no seré yo el que te lo explique todo. Me voy,
te soltaré si prometes no intentar morderme o algo por el estilo, hermanita –
asiento y me libera de las cuerdas y coloca una vela sobre una mesa que había a
mi lado, que por culpa de la falta de luz no había visto aun, y señala mi
comida y bebida. –Ya puedes rezar para que Broche Caído siga vivo y valgas para
él más de lo que vale La Perla.
lunes, 2 de septiembre de 2013
Capítulo 23.
Deshago mis maletas inmediatamente y tomo una ducha
rápida. Cuando miro el calendario de mi BlackBerry me doy cuenta de que hoy es
viernes 10 de Octubre y que debería estar en la redacción de Los secretos de Agatha preparando Diario de una escritora en vez de estar
aquí con mi jefe de vacaciones.
Aún sigo pensando en la estúpida nota, la cual la
tengo guardada en el bolsillo trasero del pantalón vaquero que llevaba hace un
momento. Salgo de la habitación con mis húmedos rizos rebotando sobre mi fresca
espalda y llevo puestos unos vaqueros
negros y una camisa de tela de color amarillo pálido. Más tarde llaman a la
puerta: es Jesús. Me ofrece su brazo, lo acepto y salimos de aquel hotel que se
está convirtiendo en mi mayor pesadilla.
* * * *
Jesús y yo caminamos por Westminster, una calle de
Londres, exactamente en la que viven mis padres. Cuando Jesús se para y llama
al timbre de un bloque de apartamentos me quedo mentalmente paralizada. Oh, Dios. Esta es mi casa… ¿A dónde pretende
llegar Jesús? Sigo a Jesús hasta el ascensor y subimos. Ahora no hay nadie en casa, mis padres deben
de estar trabajando en el restaurante que ambos dirigen, y mi hermano… Josh,
que debe de estar en la biblioteca estudiando o con sus amigos. Ahora,
pensando, ¿cómo es que Jesús tiene llaves de mi casa? Hemos llegado a mi
casa, y Jesús con lo caballero que es, me deja entrar en primer lugar. Las
luces están apagadas y estamos casi en la penumbra. No se ve nada cuando…
-¡SORPRESAAAAAAAAAA! – toda mi familia me da la
bienvenida de una forma tan especial. Veo a mi madre, a mi padre, a mi hermano…
O Josh, qué cambiado está, y muy guapo. No me extraña que Vane se haya
enamorado de él. Tiene el pelo realmente negro y corto, debe de medir ya un
metro y ochenta y cinco centímetros y es realmente musculoso, aunque sus ojos…
Son de un verde realmente extraño, un verde que hace ver que tiene la mirada
perdida. Parecen unos ojos de… Drogado, y Josh jamás caería en las drogas,
porque incluso llegó a hacer una gran campaña contra ellas en su instituto,
alguien debió de hacerle esto.
* * * *
Tras abrazar a todos (mientras Jesús ponía cara muy
preocupada mientras andaba con su móvil), nos despedimos de ellos rápidamente,
y nada más llegar al ascensor, Jesús me hace retroceder.
-¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan preocupado? – me di
cuenta de que estoy a la defensiva desde que leí aquella nota, aunque es normal
que esté tan preocupada...
-No salgas sola del hotel, ¿me oyes? – a Jesús se le
salen los ojos de órbita. Está realmente furioso, y no sé qué he podido hacer…
- ¡Rebecca!
-¿Qué…? ¿Qué está pasando? Jesús, por favor – estoy
realmente asustada. No sé por qué me da que todo esto tiene que ver con el que
escribió mi nota.
-Mira, te estaba diciendo que no salieras sola del
hotel nunca, pero será mejor que vuelvas a Madrid – le miro esperando más explicaciones.
–Las cosas se están poniendo realmente feas por aquí y no te voy a poner en
peligro. Yo me quedaré unos cuantos días más para intentar solucionar todo
esto, pero tú te vas ya. Iremos al hotel, harás tu maleta y cogeremos un taxi
que nos lleve directos al aeropuerto. No quiero que pases aquí ni un solo
minuto más – me dice, y no hay manera de discutir las cosas. Está realmente
obsesivo con que me vaya.
* * * *
Acabamos de llegar al aeropuerto y dentro de poco
tendré que subir al avión. No me quiero ir, no me quiero separar de Jesús. No, no, no. No puedes irte ya. Mi yo
interna tampoco quiere irse. Miro a Jesús por el rabillo del ojo y lo veo
escribiendo con su móvil a gran velocidad. Las
cosas no se están poniendo feas. No te quiere aquí con él y punto. Que te lo
diga a la cara y ya está… Y pensándolo bien… ¿No tienes una cena mañana por la
noche, Rebecca? ¡Cierto! Si no voy a esa cena mis seres queridos tendrán
problemas… No, no, no. No puedo dejar Londres atrás.
-Tienes que subir ya al avión, Rebecca – me dice
suavemente Jesús mientras me pone un mechón de pelo tras la oreja izquierda.
-No, Jesús. No me puedo ir… Tenía cosas que resolver
mañana por la noche y son importantes, créeme – me mira cómo diciendo: “¿Y qué
es más importante que tu seguridad?”, pero niego con la cabeza.
-Rebecca, mira, no te lo he querido decir para no
ponerte en peligro, pero hay un tipo, y dejémoslo ahí, que intenta utilizarte
para chantajearme, pero si te vas a Madrid no podrá hacerte daño, ¿entiendes
ahora por qué te tienes que ir? – asiento con la cabeza. Creo que debería
decirle lo de la nota. Debería saber la verdad.
-Pero… Jesús, me dejaron esta nota en la habitación,
creo que deberías verla. Por eso no debería irme – lee la nota y cuando acaba
me mira y lo único que susurra es:
-Maldito John… - le miro con cara alarmada, pero no me
contesta.
-¡Jesús! Tienes que entenderme. No puedo irme. Tengo
que ir a cenar con ese tío para que no haga daño a mi familia. ¡Compréndeme,
joder! – las lágrimas asoman. Soy una chica fuerte, pero yo no puedo soportar
que a mi familia le pase algo.
-Rebecca, John ya ha hecho caer a tu hermano en la
droga, le ha quitado la vida, por decirlo de algún modo. Va a pisotear a toda tu
familia vayas o no a esa cena, pero si vas a esa cena, te pondrás es su poder,
que es lo que más quiere, para poder hacer que yo caiga. Solo puede hacerme
daño con algo, perdón, alguien. Y ese alguien eres tú, porque realmente me
importas… Por favor, no le des al ladrón su botín. Si él te tiene a ti, me
tiene bien agarrado – tras esto, lo único que oí fueron disparos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)