miércoles, 25 de septiembre de 2013

Capítulo 27.

Noto su suave piel apretando mi mano. Todo debe haber sido una pesadilla. Sí, eso ha sido. Necesito ver a Josh. Pronto haré un viaje. Menos mal que nada ha ocurrido de verdad. Menos mal.
-Rebecca, dime por qué lo hiciste – oigo a alguien sollozar. -¿Por qué? Dime que ese capullo no tuvo nada que ver. Júramelo – es Eric.
-¿Qué? – murmuro estupefacta. Nos encontramos en una habitación bastante grande, pero estamos a oscuras, miro por la ventana y una imagen llega a mi cabeza… Oh, no. De golpe voy recordando todo lo que ha pasado: Broche Caído, La Perla, mi hermano muerto, yo escapando en un taxi, mi intento fallido de suicidio… -Eric… ¿Por qué demonios lo hiciste? Yo no puedo vivir así, no quiero. He perdido lo más importante para mí, he perdido a Josh… - y las lágrimas rehacen el camino de siempre. Poco a poco siento como Eric me envuelve entre sus brazos y me acuna, por así decirlo. Me susurra palabras cariñosas y más tarde, me rindo al sueño entre sus brazos, ambos tumbados en el frío suelo de baldosas blancas, inmaculadas y perfectas. En mis sueños, las palabras se mezclan y veo el significado muy claro… He estado cara a cara con la muerte, y he ganado la primera batalla.

“Se podía morir de muchas maneras, pero, sin duda, esta era la mejor…”

FIN DE LA PRIMERA PARTE.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Capítulo 26.

Le pido al taxista que acelere lo máximo posible, y mientras, intento alejar de mi cabeza la tenebrosa imagen, no puedo dejar de comerme las uñas (haciéndome así, sangre). Siento unas ganas enormes de matar a John. Él es el culpable de la muerte de Josh (también Jesús), aunque yo me siento culpable en cierta parte por dejar que se sacrificara por mí. Joder, soy una hermana horrible. Ahora también tendré que dejar sola a Vane en Madrid para hacer compañía a mis padres y que no se sientan solos y abandonados por sus dos hijos.             
                                   *                     *                     *                     *
Día 12 de Octubre del 2013…
-Hola papá, hola mamá… -digo temblando al llegar a casa. -¿Podría quedarme a vivir aquí con vosotros?
-Pero Rebecca… No hay habitaciones libres y lo sabes, cariño – ahora es cuando les cuento una verdad oculta en una mentira.
-Sí, emm… Josh se cruzó conmigo cuando se iba de casa. Dice que es demasiado mayor para vivir con vosotros, que se largaba lejos a completar su vida y que no sabía cuándo volvería, si vuelve alguna vez – tras esto, mi madre se echa a llorar sobre mi hombro y me aprieta muy fuertemente contra ella, mientras que mi padre simplemente se queda impactado. Todo ha sido mucho mejor así, Josh sigue vivo en nuestros corazones. Espero que los hombres de John se deshagan de su cuerpo para no causar más dolor a mi familia.
-¿Y por qué te vas a quedar aquí? ¿Te lo ordenó él? Hija… No tienes que perder toda tu vida allí en Madrid por nosotros. Podemos cuidarnos solos – mi madre nunca ha estado tan triste, eso me impide hacerle caso.
-Mamá, me voy a quedar. No vas a perder a ambos hijos en un solo día. No. Me niego a irme – replico enfurecida porque esto no es culpa suya, es culpa de John y de todo ese tema relacionado con La Perla.
-Rebecca, vuelve al hotel y márchate con Jesús, él te necesita. Nosotros no – dice sabiamente mi padre, aunque dudo que Jesús me necesite. Opino que Jesús solo me tiene de entretenimiento para poder ocultar su avaricia. Por no haber entregado La Perla, han matado a mi hermano. A Josh… Cada vez estoy más y más furiosa. Me despido de mis padres y voy camino al hotel, dispuesta a poner fin a todo mi sufrimiento.
                                   *                     *                     *                     *
Camino lentamente por el pasillo que me dirige a mi habitación, cuando…
-¡Rebecca! – grita alguien a mis espaldas. –Me dijeron que te habías escapado, ¿cómo?

-Jesús… - debo ser fuerte. Yo puedo con esto y con muchísimo más. –Aléjate de mí – observo que está más que asombrado. –Lo sé todo. Josh me lo contó… Y por tu culpa, ahora él está muerto – lo he dicho, la garganta se me cierra y siento una espiral que me impide tragar. Estoy a punto de llorar. Salgo corriendo hacia mi habitación y cierro la puerta de un portazo, dudo que Jesús venga a verme. Ahora nadie puede verme tirada en el suelo, en posición fetal. Este es mi fin. Rebecca Johnson no puede soportar este sufrimiento más. He perdido lo que más quería. He perdido a mi hermano. Quiero volver a su lado. Poco a poco me levanto del suelo y me acerco al balcón de mi cuarto. Voy a poner fin a todo mi dolor y voy a volver al lado de Josh. Siento de veras el dolor que causaré a mis padres, pero no aguanto más. Ya no quiero vivir. Me coloco dispuesta a saltar. Adiós, estúpido mundo. Adiós. Y me dejo caer.

martes, 10 de septiembre de 2013

Capítulo 25.

La noche del día 17 de Abril del 2004…
Un joven vestido de negro (sudadera Adidas y una gorra de skeater) es perseguido por un joven alto con el pelo negro como el carbón, que empuña un arma en su mano derecha, en una callejuela oscura de Madrid.
-Para o te juro que disparo, John – dice el muchacho alto, de ojos azules como el hielo.
-Jota, no puedo creer que te hayas puesto contra nosotros, contra tus amigos. Siempre te tuve como mi mano derecha, siempre…
-Calla. Me he cansado de vuestros estúpidos juegos. Toda esta mierda no es lo que quiero en mi futuro, John. Mi futuro no es estar entre ratas como vosotros. Solo me hacéis caer cada vez más bajo, al principio solo eran pequeños robos, pero esta vez, fue un asesinato, no quiero acabar en la cárcel. Este será mi último crimen… - dice amenazante mientras se acerca lentamente con la pistola a John.
-No me mates, Jota, por favor… - suplica el skeater con la voz temblorosa.
-¡No te voy a matar, idiota! Dame La Perla, vamos – John no quería cooperar, entonces Jota le apunta con la pistola y le arrebata algo de un bolsillo de la sudadera. El objeto cae al suelo cuando John le pega un codazo, haciendo que la pistola salga lanzada hacia el suelo, y rápidamente huye entre la oscuridad…
-¡ERES UN CABRÓN, JOTA, NUNCA MERECISTE SER MI MANO DERECHA! ¡TRAIDOR!  - grita mientras se aleja. –La perla (…) Broche Caído, no mereces otro nombre…
                                   *                     *                     *                     *
Día 11 de Octubre del 2013…
Me acabo de despertar con el ruido de una puerta… Ahora recuerdo dónde estoy. Sigo secuestrada en Dios sabe dónde y  no puedo escapar hasta que Jesús entregue a todos estos hombres lo que quieren: La Perla, que según Josh me contó ayer, porque le supliqué, es un broche antiguo y de mucho valor, que estaba en posición de un grupo de criminales (al cual pertenecía Jesús, aunque yo siga sin creerlo), pero tras un asesinato, Jesús (al que llamaban Jota en sus años de juventud) se jugó su vida robando el broche. Actualmente, el broche sigue en propiedad de Jesús, o Broche Caído, que es como lo llaman todos estos tipos… No sé cómo se ha llegado a involucrar mi hermano aquí, pero ahora es la nueva mano derecha de John (que es Mario, aunque aquí nadie lo llama así, él fingió el accidente de coche y su muerte para poder volar a Londres e investigar si era cierto el rumor de que Jesús había vendido La Perla a un rico empresario, pero todo era falso, un simple rumor…).
-Broche Caído anda buscándote, hermanita… Y se ofrece a pagar un millón de euros por ti, pero nosotros no queremos dinero, queremos La Perla, así que seguirás aquí durante un largo tiempo – la voz de Josh se notaba enfadada.
-¿Qué tiene ese broche para que sea tan importante? – pregunto decididamente, esperando una bofetada por parte de mi hermano. –Porque… No creo que valga más de un millón de euros.
-Nunca lo entenderías, Becky – así es cómo me llamaba de pequeña. Un recuerdo llega de inmediato a mi mente…
                                   *                     *                     *                     *
Día 25 de Diciembre del 1994…
Hoy es el día de Navidad, vivimos en una granja, Papá Noel me ha traído una preciosa muñeca de porcelana porque me porté bien durante todo el año. Papá acaba de llegar a casa y decido salir a recibirle…
-¡Papiiiii! – me abalanzo sobre él, me coge al vuelo y me da un beso en la mejilla.
-Mi pequeña… ¿Te gustó lo que te trajo ese gordo vejestorio? – me dice sonriendo y yo asiento eufóricamente. De repente, ambos oímos un fuerte golpe en las escaleras y nos acercamos rápidamente. Mi hermano Josh acababa de tropezar  y le salía sangre de la cabeza.
-¡Josh! – gritó mi padre preocupado, rápidamente mi madre también acudió. Yo solo lloraba y lloraba. A Josh le salía tanta sangre que pensaba que se iba a morir. Mis padres me ordenaron que me quedara a su lado mientras uno sacaba el coche y otro cogía los abrigos y paraguas.
-Josh, hermanito… - sollozaba. –No te mueras, por favor…
-Becky, Becky… Te quiero – y más tarde solo se me oía a mí llorar pensando que lo había perdido para siempre…
                                   *                     *                     *                     *
Día 11 de Octubre del 2013…
-¿En qué piensas, Rebecca? – murmura Josh.
-Josh… Lo lamento tanto… - la primera lágrima cae por mi mejilla y él la atrapa con dulzura. –Nunca debería haber partido hacia Madrid. Jamás te hubieras topado con ellos. Te quiero. Perdóname. Josh… - me estaba abrazando. No quiero que este momento pase. No quiero que mi hermano me vuelva a pegar, jamás. Le quiero, él no es él cuando me pega, lo sé.
-Becky… No llores, por favor. Yo soy el que debe lamentarlo, pero… Créeme que no lo lamento porque me he convertido en un monstruo y ya no puedo sentir nada. Estoy vacío por dentro. Me coloco y he olvidado muchas cosas, pero aun así sé que yo siempre te he querido muchísimo – me dice al oído mientras seguimos abrazados. Me empieza a guiar hacia la puerta que la oscuridad me impedía ver. –Vas a salir de aquí, porque tú no tienes la culpa de nada de lo que ha ocurrido, pero permite que te dé un último consejo…
-¿Sí? – estoy muy atenta.
-Jamás te vuelvas a acercar a mí, no merezco tener una hermana tan buena como tú, soy un estúpido, lo sé… Ah, y aléjate de Broche Caído, hazme caso, por favor – ambos nos dirigimos sigilosamente a la puerta de salida de aquellos almacenes. –Te pedí un taxi, está al cruzar la calle… Te quiero, Becky.
-Y yo a ti, Josh… ¿Qué pasará con papá y mamá? – le pregunto inocentemente.

-No volveré a casa, no quiero meterlos en todo este lío. Quédate con ellos, no vuelvas a Madrid, por favor. No quiero que ellos sufran por perder a ambos hijos – asiento levemente y corro hacia el taxi que me está esperando al otro lado de la carretera… Me asomo por la ventana y lo último que veo antes de que el taxi acelere es como Josh mueve los labios murmurando la palabra “Huye”, luego, cuatro hombres vestidos de negros lo agarran fuertemente y veo como uno de ellos le mete un balazo en la cabeza a mi único hermano.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Capítulo 24.

La multitud corre hacia cualquier dirección. Todo son gritos y sollozos. Jesús me está sosteniendo entre sus brazos protectoramente mientras nos alejamos en busca de la salida. A lo lejos veo al tipo que ha disparado, y entonces me doy cuenta de que es él, es Mario. La salida está cerrada, parece ser que estamos aquí atrapados.
-Rebecca, tienes que conseguir llegar a la puerta lateral pasando desapercibida, después, llega hasta el bar que hace esquina, el de las ventanas de vidrio verde, y espérame en los baños. Si alguien te sigue, intenta que te pierda de vista. ¿Vale? – me susurra al oído y yo asiento. –Te quiero, nos veremos allí en unos cuarenta y cinco minutos – me aferro a él, pensando que todo se ha acabado sin haber comenzado y salgo corriendo hasta que me doy cuenta de que tengo llena de sangre mi camisa de tela.
                                   *                     *                     *                     *
He estado corriendo durante quince minutos, mientras vigilaba que nadie me siguiera, hasta llegar a esta taberna de mal augurio. Actualmente estoy encerrada en el baño de mujeres y he estado comprobando mi piel, a ver si tenía algún balazo, pero no. Eso solo me deja una opción en la que pensar: Jesús está herido ahí fuera y puede que esté teniendo problemas, pero si me dijo que viniera aquí es porque puede solucionarlo todo él solo, o al menos eso espero.
                                   *                     *                     *                     *
Los minutos han pasado y ya son las 14:48, Jesús ya debería haber llegado… De repente oigo como alguien entra en el baño de hombres, inspecciona el cuarto y vuelve para entrar en el de mujeres. Jesús ya está aquí. La puerta se abre y…
-¡Mario! – grito estupefacta.
-Sabía que estabas aquí, niña. Ah, y llámame John. Vamos, ven conmigo – dice de mala gana.
-¿Dónde está Jesús? – no, no, no. No voy a ir con este psicópata a ninguna parte si no sé dónde está Jesús.
-¿Quién? ¿Broche Caído? – me pregunta maliciosamente. ¿Broche Caí…? No sé de quién me está hablando… John me agarra por la mano fuertemente. –Vámonos, no debemos perder el tiempo.
-¡Suéltame, hijo de puta! – le propino un rodillazo en el estómago y salgo corriendo del cuarto de baño, pero… Cuando quiero darme cuenta, tres fornidos hombres me apuntan con pistolas.
                                   *                     *                     *                     *
Cuando me despierto, tengo las manos y los pies totalmente inmovilizados. Me encuentro perdida en la oscuridad y sentada en una silla. Empiezo a gritar por pura tensión que recorre mi cuerpo. No me pueden haber secuestrado y tenerme aquí retenida por semanas.
-Cállate, Rebecca – dice una voz conocida, la he oído esta mañana. –No vas a salir de aquí hasta que Broche Caído nos traiga lo que nos pertenece.
-¿Josh…? ¿Eres tú? – y recibo un puñetazo en mi mandíbula. Esto no puede ir peor. Me siento dolorida de arriba abajo. –Josh… ¿Cómo puedes estar haciéndome esto, a tu propia hermana…? ¿Y quién narices es Broche Caído? – le pregunto sollozando.
-Shhh. Cállate. Broche Caído es ese tipo al que llamas novio…
-No tengo novio, Jesús y yo solo somos amigos – replico en mi defensa. -¿Por qué lo llamas Broche Caído?

-Oh, ¿no te lo ha contado? – se burla de mí. –Pues vaya, te quedarás sin saberlo, porque no seré yo el que te lo explique todo. Me voy, te soltaré si prometes no intentar morderme o algo por el estilo, hermanita – asiento y me libera de las cuerdas y coloca una vela sobre una mesa que había a mi lado, que por culpa de la falta de luz no había visto aun, y señala mi comida y bebida. –Ya puedes rezar para que Broche Caído siga vivo y valgas para él más de lo que vale La Perla.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 23.

Deshago mis maletas inmediatamente y tomo una ducha rápida. Cuando miro el calendario de mi BlackBerry me doy cuenta de que hoy es viernes 10 de Octubre y que debería estar en la redacción de Los secretos de Agatha preparando Diario de una escritora en vez de estar aquí con mi jefe de vacaciones.
Aún sigo pensando en la estúpida nota, la cual la tengo guardada en el bolsillo trasero del pantalón vaquero que llevaba hace un momento. Salgo de la habitación con mis húmedos rizos rebotando sobre mi fresca espalda y  llevo puestos unos vaqueros negros y una camisa de tela de color amarillo pálido. Más tarde llaman a la puerta: es Jesús. Me ofrece su brazo, lo acepto y salimos de aquel hotel que se está convirtiendo en mi mayor pesadilla.
                                   *                     *                     *                     *
Jesús y yo caminamos por Westminster, una calle de Londres, exactamente en la que viven mis padres. Cuando Jesús se para y llama al timbre de un bloque de apartamentos me quedo mentalmente paralizada. Oh, Dios. Esta es mi casa… ¿A dónde pretende llegar Jesús? Sigo a Jesús hasta el ascensor y subimos. Ahora no hay nadie en casa, mis padres deben de estar trabajando en el restaurante que ambos dirigen, y mi hermano… Josh, que debe de estar en la biblioteca estudiando o con sus amigos. Ahora, pensando, ¿cómo es que Jesús tiene llaves de mi casa? Hemos llegado a mi casa, y Jesús con lo caballero que es, me deja entrar en primer lugar. Las luces están apagadas y estamos casi en la penumbra. No se ve nada cuando…
-¡SORPRESAAAAAAAAAA! – toda mi familia me da la bienvenida de una forma tan especial. Veo a mi madre, a mi padre, a mi hermano… O Josh, qué cambiado está, y muy guapo. No me extraña que Vane se haya enamorado de él. Tiene el pelo realmente negro y corto, debe de medir ya un metro y ochenta y cinco centímetros y es realmente musculoso, aunque sus ojos… Son de un verde realmente extraño, un verde que hace ver que tiene la mirada perdida. Parecen unos ojos de… Drogado, y Josh jamás caería en las drogas, porque incluso llegó a hacer una gran campaña contra ellas en su instituto, alguien debió de hacerle esto.
                                   *                     *                     *                     *
Tras abrazar a todos (mientras Jesús ponía cara muy preocupada mientras andaba con su móvil), nos despedimos de ellos rápidamente, y nada más llegar al ascensor, Jesús me hace retroceder.
-¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan preocupado? – me di cuenta de que estoy a la defensiva desde que leí aquella nota, aunque es normal que esté tan preocupada...
-No salgas sola del hotel, ¿me oyes? – a Jesús se le salen los ojos de órbita. Está realmente furioso, y no sé qué he podido hacer… - ¡Rebecca!
-¿Qué…? ¿Qué está pasando? Jesús, por favor – estoy realmente asustada. No sé por qué me da que todo esto tiene que ver con el que escribió mi nota.
-Mira, te estaba diciendo que no salieras sola del hotel nunca, pero será mejor que vuelvas a Madrid – le miro esperando más explicaciones. –Las cosas se están poniendo realmente feas por aquí y no te voy a poner en peligro. Yo me quedaré unos cuantos días más para intentar solucionar todo esto, pero tú te vas ya. Iremos al hotel, harás tu maleta y cogeremos un taxi que nos lleve directos al aeropuerto. No quiero que pases aquí ni un solo minuto más – me dice, y no hay manera de discutir las cosas. Está realmente obsesivo con que me vaya.
                                   *                     *                     *                     *
Acabamos de llegar al aeropuerto y dentro de poco tendré que subir al avión. No me quiero ir, no me quiero separar de Jesús. No, no, no. No puedes irte ya. Mi yo interna tampoco quiere irse. Miro a Jesús por el rabillo del ojo y lo veo escribiendo con su móvil a gran velocidad. Las cosas no se están poniendo feas. No te quiere aquí con él y punto. Que te lo diga a la cara y ya está… Y pensándolo bien… ¿No tienes una cena mañana por la noche, Rebecca? ¡Cierto! Si no voy a esa cena mis seres queridos tendrán problemas… No, no, no. No puedo dejar Londres atrás.
-Tienes que subir ya al avión, Rebecca – me dice suavemente Jesús mientras me pone un mechón de pelo tras la oreja izquierda.
-No, Jesús. No me puedo ir… Tenía cosas que resolver mañana por la noche y son importantes, créeme – me mira cómo diciendo: “¿Y qué es más importante que tu seguridad?”, pero niego con la cabeza.
-Rebecca, mira, no te lo he querido decir para no ponerte en peligro, pero hay un tipo, y dejémoslo ahí, que intenta utilizarte para chantajearme, pero si te vas a Madrid no podrá hacerte daño, ¿entiendes ahora por qué te tienes que ir? – asiento con la cabeza. Creo que debería decirle lo de la nota. Debería saber la verdad.
-Pero… Jesús, me dejaron esta nota en la habitación, creo que deberías verla. Por eso no debería irme – lee la nota y cuando acaba me mira y lo único que susurra es:
-Maldito John… - le miro con cara alarmada, pero no me contesta.
-¡Jesús! Tienes que entenderme. No puedo irme. Tengo que ir a cenar con ese tío para que no haga daño a mi familia. ¡Compréndeme, joder! – las lágrimas asoman. Soy una chica fuerte, pero yo no puedo soportar que a mi familia le pase algo.

-Rebecca, John ya ha hecho caer a tu hermano en la droga, le ha quitado la vida, por decirlo de algún modo. Va a pisotear a toda tu familia vayas o no a esa cena, pero si vas a esa cena, te pondrás es su poder, que es lo que más quiere, para poder hacer que yo caiga. Solo puede hacerme daño con algo, perdón, alguien. Y ese alguien eres tú, porque realmente me importas… Por favor, no le des al ladrón su botín. Si él te tiene a ti, me tiene bien agarrado – tras esto, lo único que oí fueron disparos.