lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 23.

Deshago mis maletas inmediatamente y tomo una ducha rápida. Cuando miro el calendario de mi BlackBerry me doy cuenta de que hoy es viernes 10 de Octubre y que debería estar en la redacción de Los secretos de Agatha preparando Diario de una escritora en vez de estar aquí con mi jefe de vacaciones.
Aún sigo pensando en la estúpida nota, la cual la tengo guardada en el bolsillo trasero del pantalón vaquero que llevaba hace un momento. Salgo de la habitación con mis húmedos rizos rebotando sobre mi fresca espalda y  llevo puestos unos vaqueros negros y una camisa de tela de color amarillo pálido. Más tarde llaman a la puerta: es Jesús. Me ofrece su brazo, lo acepto y salimos de aquel hotel que se está convirtiendo en mi mayor pesadilla.
                                   *                     *                     *                     *
Jesús y yo caminamos por Westminster, una calle de Londres, exactamente en la que viven mis padres. Cuando Jesús se para y llama al timbre de un bloque de apartamentos me quedo mentalmente paralizada. Oh, Dios. Esta es mi casa… ¿A dónde pretende llegar Jesús? Sigo a Jesús hasta el ascensor y subimos. Ahora no hay nadie en casa, mis padres deben de estar trabajando en el restaurante que ambos dirigen, y mi hermano… Josh, que debe de estar en la biblioteca estudiando o con sus amigos. Ahora, pensando, ¿cómo es que Jesús tiene llaves de mi casa? Hemos llegado a mi casa, y Jesús con lo caballero que es, me deja entrar en primer lugar. Las luces están apagadas y estamos casi en la penumbra. No se ve nada cuando…
-¡SORPRESAAAAAAAAAA! – toda mi familia me da la bienvenida de una forma tan especial. Veo a mi madre, a mi padre, a mi hermano… O Josh, qué cambiado está, y muy guapo. No me extraña que Vane se haya enamorado de él. Tiene el pelo realmente negro y corto, debe de medir ya un metro y ochenta y cinco centímetros y es realmente musculoso, aunque sus ojos… Son de un verde realmente extraño, un verde que hace ver que tiene la mirada perdida. Parecen unos ojos de… Drogado, y Josh jamás caería en las drogas, porque incluso llegó a hacer una gran campaña contra ellas en su instituto, alguien debió de hacerle esto.
                                   *                     *                     *                     *
Tras abrazar a todos (mientras Jesús ponía cara muy preocupada mientras andaba con su móvil), nos despedimos de ellos rápidamente, y nada más llegar al ascensor, Jesús me hace retroceder.
-¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan preocupado? – me di cuenta de que estoy a la defensiva desde que leí aquella nota, aunque es normal que esté tan preocupada...
-No salgas sola del hotel, ¿me oyes? – a Jesús se le salen los ojos de órbita. Está realmente furioso, y no sé qué he podido hacer… - ¡Rebecca!
-¿Qué…? ¿Qué está pasando? Jesús, por favor – estoy realmente asustada. No sé por qué me da que todo esto tiene que ver con el que escribió mi nota.
-Mira, te estaba diciendo que no salieras sola del hotel nunca, pero será mejor que vuelvas a Madrid – le miro esperando más explicaciones. –Las cosas se están poniendo realmente feas por aquí y no te voy a poner en peligro. Yo me quedaré unos cuantos días más para intentar solucionar todo esto, pero tú te vas ya. Iremos al hotel, harás tu maleta y cogeremos un taxi que nos lleve directos al aeropuerto. No quiero que pases aquí ni un solo minuto más – me dice, y no hay manera de discutir las cosas. Está realmente obsesivo con que me vaya.
                                   *                     *                     *                     *
Acabamos de llegar al aeropuerto y dentro de poco tendré que subir al avión. No me quiero ir, no me quiero separar de Jesús. No, no, no. No puedes irte ya. Mi yo interna tampoco quiere irse. Miro a Jesús por el rabillo del ojo y lo veo escribiendo con su móvil a gran velocidad. Las cosas no se están poniendo feas. No te quiere aquí con él y punto. Que te lo diga a la cara y ya está… Y pensándolo bien… ¿No tienes una cena mañana por la noche, Rebecca? ¡Cierto! Si no voy a esa cena mis seres queridos tendrán problemas… No, no, no. No puedo dejar Londres atrás.
-Tienes que subir ya al avión, Rebecca – me dice suavemente Jesús mientras me pone un mechón de pelo tras la oreja izquierda.
-No, Jesús. No me puedo ir… Tenía cosas que resolver mañana por la noche y son importantes, créeme – me mira cómo diciendo: “¿Y qué es más importante que tu seguridad?”, pero niego con la cabeza.
-Rebecca, mira, no te lo he querido decir para no ponerte en peligro, pero hay un tipo, y dejémoslo ahí, que intenta utilizarte para chantajearme, pero si te vas a Madrid no podrá hacerte daño, ¿entiendes ahora por qué te tienes que ir? – asiento con la cabeza. Creo que debería decirle lo de la nota. Debería saber la verdad.
-Pero… Jesús, me dejaron esta nota en la habitación, creo que deberías verla. Por eso no debería irme – lee la nota y cuando acaba me mira y lo único que susurra es:
-Maldito John… - le miro con cara alarmada, pero no me contesta.
-¡Jesús! Tienes que entenderme. No puedo irme. Tengo que ir a cenar con ese tío para que no haga daño a mi familia. ¡Compréndeme, joder! – las lágrimas asoman. Soy una chica fuerte, pero yo no puedo soportar que a mi familia le pase algo.

-Rebecca, John ya ha hecho caer a tu hermano en la droga, le ha quitado la vida, por decirlo de algún modo. Va a pisotear a toda tu familia vayas o no a esa cena, pero si vas a esa cena, te pondrás es su poder, que es lo que más quiere, para poder hacer que yo caiga. Solo puede hacerme daño con algo, perdón, alguien. Y ese alguien eres tú, porque realmente me importas… Por favor, no le des al ladrón su botín. Si él te tiene a ti, me tiene bien agarrado – tras esto, lo único que oí fueron disparos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario