martes, 31 de diciembre de 2013

En la boca del lobo.

El muy grosero deposita sus manazas en la menuda y delicada cintura de la joven, y se pega mucho a ella, demasiado para mi gusto. Veo que sonríe como si hubiera ganado todo esto. Como si tras tantos años buscando lo que un día le quité de las manos, lo hubiese recuperado de la forma más simple.
Desde la distancia observo como ambos conversan. La cara de Rebecca muestra asco. Seguro que está deseando que acabe ese odioso baile tanto como yo.
-Créeme que al principio solo pedí este baile para poder tener una breve conversación a solas con la dama – murmura John enterrando su rostro en el pelo negro de su acompañante. Se ve que disfruta mucho con todo esto.
-¿Al principio? – le pregunta la que un día fue mi dama sin entender apenas nada.
-Oh, claro, fíjate en la cara de Broche Caído…
-Llámale Jesús – le contesta furiosa. Vaya, quizá es cierto que puede seguir sintiendo algo por mí, pero quizá no.
-Perdón, sí, Jesús… Su cara… El odio con el que me mira, me encanta. Es realmente fabuloso ver la envidia que tiene de que sean mis manos las que estén tocándola… Matarla lo destrozaría, además, dije que me lo pensaría durante el baile, no que usted viviría si bailaba conmigo, ¿está lista para morir? – la pregunta la dice gritando para que yo la oiga. Mis temores se han hecho realidad. Ambos moriremos.
La música ha dejado de sonar. Rebecca me mira directamente a los ojos. No puedo muestrar emociones ni sentimientos. Ni vida. Lo sé. Lo peor será si la matan a ella antes que a mí. No podré soportarlo. Y tendré que verlo, porque quiero ser lo último que ella vea antes de morir... Vaya, soy un egoísta, pero en realidad, siempre lo he sido. Dudo que pueda hacer algo ahora para cambiarlo.

Lentamente, dejo caer todo mi peso sobre mis rodillas, el dolor me está matando. Veo como la chica forcejea para venir hacia mí, pero ese mal nacido se lo impide.
-Hijo de puta, suéltame - grita con todas sus fuerzas.
-Adelante, atadle una cuerda al cuello y colgadla de esa lámpara, ¡rápido, no tenemos todo el día! – les ordena John a los tres gigantes que siempre le guardan las espaldas.
Empiezo a quedarme sin oxígeno. Va a hacerlo. Va a acabar con su vida delante de mis ojos. Preferiría que me hicieran cualquier cosa antes a tener que contemplar esto y sufrir de tal forma. Mi boca pronuncia su nombre continuamente, con dolor, y... Joder, yo tengo la culpa de haberla metido aquí. El lobo nos estaba acechando desde la oscuridad y yo la arrastré conmigo hacia él.
-Anda, ¿le habéis oído? – pregunta la mujer que se encuentra cerca de mí, Mónica, riéndose. –Nuestro Romeo está maldiciéndose por haber metido a Julieta en todo esto – terminan de ponerle la soga alrededor del cuello. Se encuentra sobre una silla de madera muy oscura. Cuando la quiten, la perderé. Para siempre. Ya estuve a punto de no volver a ver su pelo, sus ojos y su maravillosa sonrisa en una ocasión. No puedo permitirlo ahora. Me niego a ello.

John da la orden que sus hombres estaban esperando. La miro, y mis labios pronuncian: "Voy a salvarte".  El más alto se encarga de realizar lo que su jefe le ordenó y le da una brusca patada a la silla. Rebecca pende de la cuerda. Va a morir pronto si yo no hago algo para salvarla.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Condenados.

Mis dos acompañantes me siguen por el pasillo, hasta que oigo su voz. Me paro de golpe y pongo mi mano sobre el pecho, donde el corazón. Entonces, no puedo soportar pensar en lo que ese sinvergüenza podría estar haciéndole. Empujo la puerta de la habitación en la que se encuentra Rebecca con todas mis fuerzas, y la veo allí, aterrada, frente a John, que sin pensárselo dos veces, aprieta el gatillo de la pistola que sujeta entre sus manos. 'Prefiero no tener vida a tener una en la que ella me falte'. Me pongo ante la bala, sin miedo, sin temor. Debo ser valiente, siempre lo he sido, no va a ser distinto ahora. Cierro los ojos cuando intuyo que la bala atravesará mi carne, pero no llega nada. No hay dolor, ni sangre. Abro lentamente los ojos y veo a Luna, la chica de pelo azul que venía conmigo, intentando quitarle a John el arma, y es ahí, cuando entre todos esos movimientos que le enseñé a esa joven en su día, hace años, la pistola se dispara de nuevo. No hay nada, no hay...
Esa asquerosa rata sale corriendo, veo que se me escapa. Echo una rápida mirada de lamento a Ash, porque yo sé que su hermana no se recuperará de esta, y él también lo sabe. Sin perder más tiempo, voy en busca del asesino, del que en un pasado muy lejano llegó a ser mi mejor amigo.

Cuando llego a la planta baja, por suerte para mí, soy uno contra cinco, 'solo'. Mis demás hombres han hecho bastante bien su trabajo. Todo se revuelve en cuanto me ven. Sí,  definitivamente me he metido en la boca del lobo. Los disparos comienzan, y más de uno están realmente a punto de acabar con mi vida. Pero consigo esquivarlos gracias a las columnas y estatuas que hay en la amplia sala, son buenos escudos, son lo único que está entre la vida y la muerte en estos momentos. Cuando quiero darme cuenta, el silencio me acompaña. Solo quedamos vivos John y yo. Le disparo, pero no me quedan balas y se ríe maliciosamente. De la nada salen otros tres hombres, propiedad del enemigo, desgraciadamente. Dos me agarran, otro pone su revólver en mi nuca para que no intente huir. Y John empieza a darme una paliza. Tras unos cuantos golpes, mi mandíbula arde en dolor. Ordena a sus hombres que desaparezcan, quiere darme el típico discurso en el que dirá que él ha ganado la partida y que yo ya estoy prácticamente muerto. Este es el momento de suplicar por la vida que más aprecio, y no la mía precisamente. Me anticipo a hablar. No quiero escuchar ni una sola palabra de su estúpido discurso.
-Solo me quieres a mí, a ella no. Pues ya está, ya me tienes, no me has tenido que buscar, he venido yo solo – consigo decir como puedo, ya que tengo adolorida mi boca.
De repente, ambos una voz femenina no muy lejana:
-Fíjese, parece ser que la señorita está escuchando a escondidas, ¿qué le parece si acabo con su asquerosa y sucia vida sin futuro? – grita Mónica, la socia de John, tras las estatuas que usé hace minutos de protección para mi jodida vida.
-¡No! No la quieres a ella, me quieres a mí, ni se te ocurra ponerle una mano encima, suéltala y te daré lo que buscas. La Perla: fortuna, fama… - empiezo a suplicar. Dios, que acepte, por lo que más quiera...
-Permítame un baile con la dama y así me lo pienso – me contesta John sonriendo maliciosamente. ¿Qué? ¿Bailar con este ser sin piedad? No. No puedo poner a Rebecca en esa situación. La chica me mira desde la otra punta del salón de baile. Si no baila con él, está muerta, así que le suplico con la mirada para que le conceda al asesino de su hermano un baile, da un paso atrás, asustada, y le digo en un tono de voz triste, apagado y un poco tembloroso: “Hazle caso o no tendrá inconveniente en meterte un balazo en la cabeza, querida”. Así, poco a poco, observo como camina en dirección a John, que la agarra fuertemente por la cintura cuando una extraña y sencilla música comienza a sonar. Cerrar los ojos será lo mejor. No quiero sufrir viendo esto. Y antes de visitar la oscuridad, veo a John. Ahora ella está entre sus brazos, y yo, a sus pies.
Acabo de condenarnos a ambos a una muerte lenta y dolorosa.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Reaparecer.

Mis hombres me han comentado que este sería el mejor momento para encontrarme con Rebecca por "casualidad". La calle está abarrotada y, de repente, ella está en mi campo de visión. Tras tanto tiempo observándola desde la oscuridad, por fin volveré a escuchar su suave voz. Dirijo toda mi atención hacia el brillante anillo que lleva en su mano derecha. Así que todo era verdad. Están comprometidos. Joder, la estoy perdiendo. No, no puede ser. Tengo que hablar con ella ya. No puedo soportar más tiempo este nudo en la garganta, producido por el saber que un día tendré que dejarla marchar, dejar de observarla desde mi amada oscuridad.
-Rebecca, sé que eres tú. Espérame, por favor. Deberíamos hablar - empiezo a correr lo más rápido que puedo. Cada vez la tengo más cerca. Ya casi... Y ha desaparecido, ya no está. Como si del viento se tratase. No puede ser. Pero, de pronto, mis ojos ven como el reluciente pelo negro, que llevo observando meses, se esconde en un callejón oscuro. Perfecto. Me lo pones aun mejor, Rebecca. La oscuridad es lo mío. Mi mejor campo de batalla. Decido seguirla.

-No te vas a escapar tan fácilmente de mí, querida. No puedes olvidarme, no puedes huir de mí de esta forma - susurro en su nuca y siento que un escalofrío recorre su cuerpo de arriba a abajo.
-Jesús, déjame en paz, por favor. Quiero olvidarte… Como si nunca hubiera llegado a conocerte – me dice, y parece que lo hace sinceramente.
-Si no me hubieras conocido, Josh estaría vivo… Y si Josh estuviera vivo, no me guardarías ese rencor. Todo está encadenado. No puedes deshacerlo - tengo que hacer que entre en razón y que vuelva a mis brazos, no a los de ese estúpido cretino con el que se acaba de comprometer.
-¡Cállate! Jamás vuelvas a pronunciar el nombre de mi hermano. Debería ser una gran carga para tu conciencia – solloza y me mira tiernamente. Quizá aun me quiere, quizá no. Quién sabe.
-Ay, mi pequeña e indefensa Rebecca… Sabes perfectamente que yo no soy el verdadero culpable. Solo te engañas a ti misma para no reconocer que el que mató a tu hermano fue el hermano de Eric… Ah, por cierto, ¡felicidades por el compromiso! – exclamo con una extraña sonrisa en el rostro, porque no es una sonrisa sincera. En realidad, mataría a ese individuo, pero ahora lo mejor que puedo hacer es atar al perro que tiene tantas ganas de morder. Tengo que controlarlo si quiero que Rebecca vuelva conmigo.
-Jesús, para – le estoy haciendo daño, demasiado. La tristeza se nota en sus ojos, tentados a llorar y desahogarse. No quiero que se derrumbe delante de mí... Entonces, baja la cabeza y me hace la pregunta que realmente me extrañaba que aun no hubiera hecho. -¿Cómo sabes que nos casamos?
-Shh. Últimamente me entero de todo, querida. Ah, un consejo antes de que nos volvamos a encontrar por “casualidad”… Harías mejor pareja conmigo – le guiño un ojo y decido desaparecer de su vista. Ya ha tenido suficiente por hoy. Volveré a visitarla pronto, o eso espero.

"Atrapada" Segundo libro.

La continuación de esta novela puede leerse en http://pisadasnlanieve.blogspot.com.es
Un saludo.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Epílogo.

Eric. El sensible y cariñoso Eric. Lo dejé abandonado tras haber aceptado casarme con él, seguro que ahora está pensado que le hice vivir una mentira, lo cuál no es del todo incierto, porque mi corazón no siempre ha estado de su lado.

Jesús. El frío y protector Jesús. También a él lo he traicionado a mi manera. Lo dejé solo cuando más necesitaba mi ayuda. Ha venido a salvarme. Por mi culpa ha estado a punto de morir y... Tampoco mi corazón ha estado siempre con él.

La única conclución que he sacado mientras viajaba en la parte trasera del coche de Jesús (ya que me negué a ir en el asiento del copiloto) ha sido que soy una gran hija de puta. Eso es todo lo que soy. No soy perfecta. No trato bien a las personas. Soy un ser humano realmente despreciable. Todo me sale mal. Traiciono a las personas que amo. La mayoría de la gente me es indiferente.

Y ahora, siendo sincera, debería estar muerta. Eso hubiera sido lo mejor para todos.

                                FIN DEL PRIMER LIBRO.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Capítulo 40

A lo lejos veo una especie de ser deformado con unos grandes dientes afilados que planean triturar cada uno de mis huesos, ya solo me queda darme por vencida o luchar lo que mis escasas fuerzas me permitan. Corro todo lo que puedo. Esquivo árboles. Intento dejar atrás a esas horrorosas bestias, pero en tan solo unos segundo me veo atrapada entre la puerta trasera de la mansión y cuatro de ellas. Presenciar el cuerpo sin vida de Jesús, algo que si no veo no creo o dejar que la muerte me lleve con él de una vez por todas.
Acabo tomando la decisión de que la vida es muy importante y que no importa  tener que aguantar un poco de dolor en el alma.
Ahora tengo el cuerpo pálido como un cadáver de Jesús a escasos metros de mí y siento como se va formando lentamente un nudo en mi garganta. Aunque me duela, creo que Jesús debería tener los ojos cerrados en un momento como este. Me acerco arrastrando mis pies por el suelo del gran salón, hasta que tropiezo y no me siento lo suficientemente capacitada como para poder volver a ponerme de pie, tal cuál que no me queda otra que arrastrarme como pueda.
Cuando estoy a su lado, observo cada detalle con los ojos abiertos, sin poder pestañear. Sus heladores ojos azules, sin vida, piden descansar en paz. Decido cerrarlos.

Cuando las yemas de mis dedos tocan la fría piel de Jesús, él me mira fijamente. Pero...
-Rebecca - dice sonriendo, con la ilusión de un niño pequeño cuando consigue algo que lleva queriendo durante mucho tiempo. -Pensé que jamás volvería a ver tu rostro. Pensé que jamás volvería de aquella oscuridad que me separó de ti. Pensé que jamás volvería a verte para poder pedirte que escaparas conmigo lejos, lejos de aquí.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Capítulo 39.

Estoy intentando no internarme en el bosque, pero no sé cómo lo hago, que cada vez me adentro más en sus profundidades. Por el rabillo del ojo veo moverse una sombra detrás de mí, inmediatamente me giro para ver si simplemente me lo imaginé o alguien me está siguiendo de verdad, y allí estamos John y yo, de nuevo. Solos. Cara a cara. Sabía que la muerte venía a por mí. Y sabía que no iba a tardar mucho en aparecer.
-Ajá. Y volvemos a vernos de nuevo, preciosa - dice con su típica sonrisa. Hago una mueca de asco.
-¿Dónde está Jesús? ¿Dónde? Dímelo, joder.
-Estaría vivo si tú estuvieras muerta ahora mismo, pero fíjate... Prefirió salvarte y morir él. El amor os hace débiles.

Dicho eso, se adentra en el bosque dejándome con la boca abierta, cuando ya debe de estar muy lejos oigo un grito suyo: "Huye, las torturas aun no acabaron, acabo de soltar a unas bestias hambrientas que no tardarán en devorarte. Buena suerte, Rebecca".
Me quedo quieta. No, no, no. ¿Más torturas? Joder. Ahora Jesús está muerto y yo voy a acabar igual. Tendría que haber sido yo la que muriera, no él. Él podría seguir vivo, podría rehacer su vida. Empiezo a oír gruñidos lejanos. Rabia. Hambre. Esos gruñidos van a ser mi fin. Me obligo a levantarme y a empezar a huir. Si voy a morir, quiero morir luchando. Voy a intentar sobrevivir por Jesús. Porque él gastó su vida en mí, y no me puedo permitir tirar esa 'vida extra' que me dio.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Capítulo 38.

(TERCERA PARTE)

Camino por las oscuridades de este bosque tenebroso. Todo pasó hace únicamente una hora, y ahora me encuentro demasiado cansada como para ponerme a relatarlo todo de golpe, con lo cuál, empezaremos por el principio e iremos poco a poco.

Jesús prometió salvarme, lo cuál cumplió y no cumplió. Podría decirse que únicamente lo intentó, puesto que al estar al borde de la muerte, derribó a Mónica y corrió hacia mí para cortar la cuerda. 'Huye, por favor, huye y... Recuerda que te quiero y siempre te querré'. Eso fue todo lo que me dijo, y ahí ya me estaba confesando que sabía que la muerte le iba a llegar pronto... 'Siempre te querré, aunque esté muerto', eso es lo que verdaderamente insinuaba.
Sin pensármelo dos veces, le hice caso y abandoné la mansión por la puerta trasera, la cuál me trajo a este bosque tan horrible. Ahora estoy perdida, y por eso digo que Jesús intentó salvarme pero no lo consiguió. Voy a desaparecer del mapa en breves, porque yo sé que John no deja que sus víctimas huyan del destino que les ha estado preparando.

martes, 10 de diciembre de 2013

Capítulo 37.

En ese mismo instante, en un lugar muy lejano…
Eric sostiene entre sus manos una carta escrita en papel de pergamino, con olor a lilas. Las lágrimas están haciendo que la tinta con la que fueron escritas esas palabras se corra. El joven tiembla y solloza. Es de noche, enciende lentamente una vela y se decide a consumir todo el dolor. Prende una esquina del papel… Y las palabras se las llevan las llamas. Adiós. Poco a poco, todo queda reducido a cenizas.

“Querido Eric:
Me decido a poner fin a lo nuestro, sé que te será doloroso, y un poco confuso, puesto que acepté aquel anillo, pero únicamente fue por… Pena. Siento si te cuesta asimilarlo, pero una dama no puede permitirse vivir en una mentira como esta.
Si he de ser sincera, solo he amado a un hombre durante todos estos meses, si estás pensando en Jesús, he de reconocer que no estás equivocado. Aunque él me hizo mucho daño, no puedo olvidarle. Volveré a Londres hoy mismo, te suplico que no me busques.
Pdta. Cuídate, no soportaría ser la culpable de tu tristeza. Confío en que podrás recuperarte, ya sea tarde o temprano.
Rebecca.”


FIN DE LA SEGUNDA PARTE.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Capítulo 36.

El muy grosero deposita sus manazas en mi cintura y se pega mucho a mí, veo cómo sonríe, como si hubiera ganado todo esto. Como si tras tantos años, al final todo se haya zanjado, y se haya salido con la suya.
-Créeme que al principio solo pedí este baile para poder tener una breve conversación a solas con la dama – murmura enterrando su rostro en mi mata de pelo negro salvaje como una pantera.
-¿Al principio? – pregunto sin entender apenas nada.
-Oh, claro, fíjate en la cara de Broche Caído…
-Llámale Jesús – le corto enfurecida.
-Perdón, sí, Jesús… Su cara… El odio con el que me mira, me encanta. Es realmente fabuloso ver la envidia que tiene de que sean mis manos las que estén tocándola… Matarla lo destrozaría, además, dije que me lo pensaría durante el baile, no que usted viviría si bailaba conmigo, ¿está lista para morir? – la pregunta la dice gritando para que Jesús la oiga. La música ha dejado de sonar. Miro directamente a los ojos azules de los que me enamoré, de los que quedé atrapada, son puro hielo. No muestran emociones ni sentimientos. Ni vida. Poco a poco, se va poniendo de rodillas, pretendo ir en su dirección, pero John me lo impide.
-Hijo de puta, suéltame.
-Adelante, atadle una cuerda al cuello y colgadla de esa lámpara, ¡rápido, no tenemos todo el día! – les ordena a los tres gigantes que siempre le guardan las espaldas. Jesús hace un extraño ruido con la garganta y empieza a susurrar palabras que desde aquí, por desgracia, no oigo. ¿De verdad estás pensando en qué estará diciendo Jesús antes de pensar en que vas a morir? Mi yo interna ya está jodiendo.

-Anda, ¿le habéis oído? – pregunta Mónica riéndose. –Nuestro Romeo está maldiciéndose por haber metido a Julieta en todo esto – terminan de ponerme la soga sobre mi delicada y pálida piel. Estoy sobre una silla, en cuanto la quiten, adiós vida. Ya estuve a punto de abandonar este mundo, pero antes no tenía nada. Ahora es distinto, ahora tengo todo lo que necesito, y me lo van a quitar en tan solo una milésima de segundo. Lo último que veo antes de que derriben la silla es a Jesús, y sus labios me dicen: “Voy a salvarte”.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Capítulo 35.

Entonces, la puerta se abre de golpe, Jesús entra en mi prisión (un hombre y una mujer lo siguen) y John aprieta el gatillo. Todo lo demás ocurre demasiado deprisa. Jesús se abalanza sobre mí para apartarme del recorrido que seguirá la bala y la extraña mujer de pelo celeste que lo acompaña empieza a pelear con John, intenta quitarle la pistola, y es ahí, cuando entre ese conjunto de brazos, el arma se dispara. No hay bala, no hay… John sale corriendo y Jesús va tras él, el hombre y yo nos acercamos rápidamente al cuerpo de la víctima, el suelo se ha teñido de sangre, la mujer empieza a hablar pero solo entiendo sus dos últimas palabras:
-Por… él – el hombre, que según me he estado fijando en sus rasgos, supongo que es su hermano, se acerca y le besa en la frente mientras le cierra los ojos. De pronto, se oyen más tiros en la planta inferior de esta mansión.
-Señorita, deberá quedarse aquí quieta, cande la puerta y no deje que nadie entre. Pronto volveremos a por usted – me dice forzando una sonrisa y me abandona rápidamente. En cuanto dejo de oír sus pisadas, me dispongo a abandonar la prisión, pero no antes sin haber cogido algo que me sirva de arma, por suerte, la joven difunta tiene una maravillosa pistola en un bolsillo de su pantalón negro. Lo primero que hago es intentar forzar la cerradura de la habitación de Vanessa, cuando lo consigo y abro bien los ojos, no me creo lo que veo. Está sana y salva, durmiendo. No se ha quemado. No tiene ni un puto rasguño.
¿Entonces quién gritaba de esa manera ayer por la noche? ¿O simplemente me lo imaginé todo?
                            *                 *                 *                 *
Dejo a Vanessa acostada, y por fin estoy tranquila, hasta que vuelven a oírse disparos en la planta baja, bajo los escalones intentando no hacer ruido, ya que podría significar mi muerte. Los disparos cesan, y observo todo desde las sombras que me proporcionan las estatuas de grandes dimensiones que hay al final de las escaleras. Tengo buenas vistas, muy buenas, diría yo.
-Solo me quieres a mí, a ella no. Pues ya está, ya me tienes, no me has tenido que buscar, he venido yo solo – dice Jesús antes de que alguien me agarre por detrás y me inmovilice.
-Fíjese, parece ser que la señorita está escuchando a escondidas, ¿qué le parece si acabo con su asquerosa y sucia vida sin futuro? – grita Mónica, la socia de John.
-¡No! No la quieres a ella, me quieres a mí, ni se te ocurra ponerle una mano encima, suéltala y te daré lo que buscas. La Perla: fortuna, fama… - empieza a suplicar Jesús desde la otra punta de lo que parece el salón de baile de la mansión.

-Permítame un baile con la dama y así me lo pienso – le contesta John sonriendo maliciosamente. ¿Qué? ¿Bailar con ese ser sin piedad? No. Me niego. Miro a Jesús, me suplica con la mirada para que le conceda al asesino de mi hermano un baile, doy un paso atrás y Jesús me dice en un tono de voz triste y apagado: “Hazle caso o no tendrá inconveniente en meterte un balazo en la cabeza, querida”. Así, poco a poco, camino en dirección a John, que me agarra por la cintura cuando una extraña y sencilla música comienza a sonar.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Capítulo 34.

Me despiertan unas fuertes pisadas por el suelo del pasillo más cercano a mi celda, porque esto no es una habitación aunque posea una gran cama y varios muebles a juego. Tengo que ponerme a pensar una manera de escapar de aquí, pero sin ventanas, las posibilidades de triunfar son completamente nulas, a parte de que no se ve apenas, porque las velas están apagadas y la única iluminación proviene de la rendija que hay por debajo del gran portón, el cuál está cerrado con llave. Sigo oyendo pisadas. ¿Por qué hay tanto barullo? ¿Qué pasó con Vanessa? De repente, me fijo en que hay un zumo de naranja en la mesilla de noche que está al lado de mi cama, que sigue hecha porque no he podido levantarme del suelo en toda la noche. Desde que estuve a punto de morir congelada, apenas puedo mover mis extremidades, pero la sed se apodera de mí y consigo hacer tal esfuerzo para obligarme a caminar hasta ese perfecto zumo. Cuando empiezo a tragarlo siento que algo va mal, que ese vaso no contenía únicamente zumo, entonces mi cabeza empieza a dar vueltas y dejo de pensar con claridad.
Una cierta oscuridad bastante profunda me absorbe, dejo atrás la celda que tengo por habitación y, de repente, frente a mis ojos tengo a Jesús hablando con una copia de mí misma, sí, eso fue… ¡Ayer, cuando nos encontramos por casualidad! Y las piezas del puzzle empiezan a encajar: colocaron algo en el zumo para que yo recordara dónde me dijo Jesús que volveríamos a vernos, pero lo que no saben todos los que me tienen aquí encerrada, es que Jesús no me dijo nada. No pueden sonsacarme una información que no poseo, porque solo dijo que nos encontramos por casualidad, remarcando tal palabra, entonces termino de comprenderlo todo: las casualidades no existen. Jesús vendrá a por mí, o eso espero. Él es mi última esperanza para salir viva de aquí. 
De pronto, el agujero oscuro que me había tragado, me trae de vuelta a la realidad y delante de mí solo veo a un John furioso, que me causa verdadero terror, con una pistola en la mano que apunta hacia mi corazón, el cuál ya está partido en dos, así que… ¿Qué más me da que lo rompa en mil pedazos, si seguirá dividido entre Eric y Jesús?

-Hazlo, dispara. Me harías un gran favor – consigo decir valientemente sin que apenas me tiemble la voz.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Capítulo 33.

8 de Febrero del año 2013…
Todo está aclarado y listo. Actualmente me encuentro en un helicóptero. Vamos a casa de John, porque cuando me pidió que me fuera a vivir con él, no me pude negar. No sé qué pasará con Eric, pero estoy dispuesta a separarme de él durante un tiempo con tal de salvar a mi mejor amiga, la cuál está sentada a mi lado, muda… Decido propinarle un débil codazo para ver si está aquí, en este mundo.
-¿Vanessa? – murmuro pero no recibo respuesta. Su mirada está perdida. Ella está perdida en un mundo paralelo al nuestro y dudo que vuelva algún día. Todo lo que voy a hacer será para que no ejerzan violencia sobre ella, porque ya está muerta psicológicamente.
                            *                 *                 *                 *
Nos han encerrado en una habitación de paredes oscuras, casi negras, y sin iluminación alguna, exceptuando un par de velas. Vanessa está tumbada sobre una alfombra granate, boca arriba, mirando al techo. Yo no puedo parar de pensar en lo que estoy haciendo. ¿De verdad voy a atrapar a Jesús para ponérselo en bandeja a estos criminales? ¿En serio soy capaz de hacer eso? Mi mente no hace más que hacerme recordar momentos que he pasado con Jesús, y así no vamos bien. Recuerdo las últimas cuatro palabras que me dedicó: “Harías mejor pareja conmigo”. También sería mejor si no tuviera que condenarle a muerte, y si Vanessa me respondiera y colaborara para arreglar toda esta situación absurda. Pero parece ser que el destino nunca está de mi parte… De repente se abre el gran portón que nos aísla y veo la cara de John asomarse. No solo me retiene aquí, que además, interrumpe mis preciados pensamientos.
-¿Qué tal vamos, escritora? – detrás de él está una mujer, a la que ya he visto con anterioridad… ¡Mónica García! La representante de la editorial IMB que quería mi libro.
-Tú… ¿Cómo…? – ambos se ríen. Se dirigen una mirada que significa “¿Se lo explicas tú o se lo explico yo?”
-Bien… Ya nos hemos visto antes, señorita. Le dije que me llamaba Mónica, pero como comprenderá… No podía decirle mi verdadera identidad. Y sigo sin poder hacerlo, así que se conformará con saber que John y yo somos socios. Ambos tenemos el mismo interés. Confiesa dónde está Broche Caído – su mirada me penetra y me siento como si fuera un libro abierto ante ella.
-No… No sé nada, se lo juro – ambos miran a Vanessa y sus miradas lo dicen todo. –Les digo la verdad, por favor, créanme. Ella no tiene la culpa de nada – sollozo mientras la sacan a rastras de la habitación y me dejan allí sola, de rodillas, aun suplicando.
                            *                 *                 *                 *
Sé que es de noche porque hace unas horas entraba luz por debajo de la puerta y ya no, además de que la temperatura ha descendido bastante. Juraría que en esta habitación estamos a unos 0 ºC aproximadamente porque apenas puedo moverme y no paran de castañearme los dientes.
Cuando parece que me estoy quedando dormida, unos gritos desde la habitación de al lado me hacen abrir los ojos de golpe. Son gritos desganados… ¡Vanessa! Los gritos no cesan y siento un nudo en la garganta que me impide pensar.
-Por favor… Por favor… ¡Me quemo, ayuda! – así que a mí pretenden congelarme y a ella reducirla a cenizas. -Os lo suplico, mi cara… Arde – tras esto, un silencio inmediato. Empieza a oler a quemado en mi cuarto, y entonces, noto como la temperatura disminuye aun más. Ahora es cuando empiezo a dejar de sentir las piernas. Un dolor de cabeza muy potente indica que no voy a aguantar así mucho más, pero por cualquier razón inexplicable, la temperatura empieza a volver a la normalidad.

 Al parecer, la primera noche de torturas ha finalizado.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Capítulo 32.

Subo rápidamente por las escaleras del piso de Vane. Apenas puedo respirar, y no por la carrera, sino por Jesús. Le tenía olvidado. Enterrado en el fondo del baúl, al cuál la gente llama corazón. Toco el timbre nerviosamente hasta que se abre la puerta y veo la cara de alguien a quien no esperaba encontrar. Cuando me dispongo a huir en la dirección contraria, dos hombres vestidos de negro me agarran por los brazos y me impiden respirar, tapándome la cara con un pañuelo. De pronto, mis ojos se cierran y consigo oír algo antes de quedarme dormida:
-John, nuestro trabajo ya está hecho.
                            *                 *                 *                 *
No me puedo mover, me han inmovilizado las extremidades inferiores y superiores con fuertes cuerdas de color negro, y estoy tirada en el suelo, de lado. Cuando abro los ojos lentamente, veo a Vanessa en las mismas condiciones que yo, y al fondo de la habitación, está John.
-Cuánto tiempo, mi pequeña escritora – se va acercando a mí, y me muestra sus blancos y perfectos dientes… Esa expresión que hay en su cara no me gusta para nada.
-Sí, cuánto tiempo. ¿Qué tienes preparado para mí esta vez? – hago una pequeña pausa, porque siento que me ahogo. -¿Piensas acabar conmigo de una maldita vez?
-Ya sabes porque vengo siempre a ti. Mi gente te ha visto con Broche Caído, confiamos en que nos ayudes a atraparlo… Si quieres seguir con vida, claro – odio esa puta sonrisa de superioridad que siempre muestra cuando está frente a mí. Me da asco. Y… Sobre lo de atrapar a Jesús… No. No voy a ayudar al asesino de mi hermano. Prefiero morir. Mi hermano siempre me decía que era muy valiente. Y ahora es cuando tengo que demostrárselo.
-No voy a ayudarte. Así que puedes meterme un balazo en la cabeza como le hiciste a Josh. Estoy dispuesta a morir, con tal de que no te salgas con la tuya. No podrás encontrar a Jesús si no es por mí. Todas las posibilidades de encontrarle se irán al traste – de repente, sale disparado hacia la cocina, oigo como busca algo entre la cubertería y cuando vuelve, lleva en su mano un gran cuchillo de acero.
-No te mataré a ti, porque tu vida no te importa lo suficiente, pero apostaría cualquier cosa a que la de ella… – y se va acercando, paso a paso, segundo a segundo, hasta que el cuchillo roza la piel de Vanessa. –Sí te importa – termina la frase, haciendo un casi inexistente corte en la piel de mi mejor amiga, cada vez aplica más fuerza, hasta el arma empieza a teñirse de rojo…
-¡No, por favor! ¡A ella no! ¡Para…! – se ríe, espera que acceda a lo que me ha pedido. O le ayudo a atrapar a Jesús o me quita a otra de las personas más importantes de mi vida. -¡John, haré lo que quieras, te ayudaré a atrapar a Jesús…!

-Y te vendrás a vivir conmigo.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Capítulo 31.

7 de Febrero del año 2014…
El día de ayer fue extraño pero precioso al mismo tiempo, tras llevar en mi mano el anillo de Eric, nos duchamos juntos y fuimos a comer a un restaurante exquisito. Por la tarde, estuvimos viendo modelos para las invitaciones de la boda… Eric las prefiere con fondo negro y letras blancas porque le parecen bastante elegantes, aunque yo había pensado en algo más romántico.
A parte, hoy voy a quedar con Vane, porque como es mi cumpleaños, me llamó diciendo que teníamos que vernos y comer juntas, y que ella invitaba. Eric me dejó unos pendientes a juego con el anillo de compromiso en la mesilla de noche (los cuales ya me he dado el lujo de estrenar) y luego se largó, porque hace unos meses abrió su propio negocio: una tienda de fotografía, que es lo que él siempre quiso, y yo le he apoyado, porque si es lo que siempre ha querido, es por lo que ha luchado y es lo que se merece.
                      *              *                 *                 *                 *
Camino por la calle, ya estoy cerca del piso de Vanessa, cuando alguien grita mi nombre a mis espaldas… Una voz conocida. Y mi mente vuela hacia el pasado…
Jesús… Aléjate de mí Lo sé todo. Josh me lo contó… Y por tu culpa, ahora él está muerto…
-Rebecca, sé que eres tú. Espérame, por favor. Deberíamos hablar – oigo a mi espalda, cada vez a menos distancia.
Empiezo a acelerar el paso. El pasado quedó atrás. No quiero revivirlo, bueno, no es que no quiera, es que no puedo. Sería demasiado para mí.
Cuando creo que le he perdido de vista, me escondo en un callejón e intento recobrar la respiración…
-No te vas a escapar tan fácilmente de mí, querida. No puedes olvidarme, no puedes huir de mí de esta forma – Jesús aparece detrás de mí y siento su cálido aliento en mi nuca.
-Jesús, déjame en paz, por favor. Quiero olvidarte… Como si nunca hubiera llegado a conocerte – digo sinceramente.
-Si  no me hubieras conocido, Josh estaría vivo… Y si Josh estuviera vivo, no me guardarías ese rencor. Todo está encadenado. No puedes deshacerlo.
-¡Cállate! Jamás vuelvas a pronunciar el nombre de mi hermano. Debería ser una gran carga para tu conciencia – sollozo.
-Ay, mi pequeña e indefensa Rebecca… Sabes perfectamente que yo no soy el verdadero culpable. Solo te engañas a ti misma para no reconocer que el que mató a tu hermano fue el hermano de Eric… Ah, por cierto, ¡felicidades por el compromiso! – exclama con una extraña sonrisa en el rostro.
-Jesús, para – me está haciendo daño. Sí, puede ser cierto que el culpable sea John, pero Eric no tiene la culpa de tener un hermano tan horrible. Por eso, siento que lo mejor es echarle la culpa a Jesús, que fue el que robó La Perla. De repente me doy cuenta de que… -¿Cómo sabes que nos casamos?

-Shh. Últimamente me entero de todo, querida. Ah, un consejo antes de que nos volvamos a encontrar por “casualidad”… Harías mejor pareja conmigo – me guiña un ojo y desaparece de mi vista.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Capítulo 30.

Día 6 de Febrero del 2014…
Noto unas cálidas manos que acarician mi vientre, y alguien susurra tiernamente mi nombre una y otra vez, continuamente.
-No quiero perderte nunca – murmura Eric en la oscuridad. Me doy la vuelta y pongo mis manos en su nuca y aprovecha para atrapar mi labio inferior entre sus dientes.
-No me vas a perder nunca – digo siguiendo el juego entre nuestras bocas.
-Cariño, las palabras se las lleva el viento… – dice a la vez que sonríe maliciosamente.
-¿Qué insinúas, Eric? – se me queda mirando sorprendido y lentamente se separa de mí, se levanta de la cama y abandona la habitación. Me deja anonada. ¿Dónde ha ido? Al tiempo, oigo sus pisadas por el pasillo, y todo pasa muy rápido. Se abalanza sobre mí, me carga en brazos y me lleva al salón…
Señala hacia la pared y hay unas fotos nuestras en fila, una tras otra, con una palabra en cada foto.
-¿Quieres casarte conmigo, Rebecca Johnson? – leo con un tono de voz muy bajo. -¿QUÉ? – grito dejando a Eric sordo, y me mira, con todo el cariño posible y no puedo menos que echarme a llorar. Da un paso hacia mí y me pega a él, me acuna hasta que dejo de llorar y me dice:
-¿Quieres pasar el resto de tu vida conmigo? – le tiembla la voz. Está muy nervioso, tiene miedo a que le dé una respuesta negativa que le rompa el corazón. Le quiero, ¿pero no es todo demasiado precipitado? Levanto la mirada y fijo toda mi atención en sus ojos, que en ese mismo instante aparta. Mete la mano en el bolsillo derecho de su pantalón y saca una pequeña cajita de terciopelo granate. –No tienes que darme la respuesta ahora. Quiero que sepas que te comprendo, que puede ser que tú no estés enamorada de mí, y lo respeto. Llevamos juntos poco tiempo, aunque yo ya sé que solo te quiero a ti, a ti y a nadie más. No te quiero meter presión… Cuando de verdad tengas claro que me quieres, póntelo – empieza a alejarse de mí, y noto el aire helado que entra por la ventana, que está abierta, y me da coraje…
-Eric, espera, por favor – le digo mientras le agarro fuertemente para impedir que me deje aquí sola, con mis pensamientos revueltos en esta oscuridad que me pone los pelos de punta.
-Rebecca, si no quieres… Em… Esto… Olvídalo. Yo no dije nada – dice decepcionado y se va. Entonces me doy cuenta. ¿Acaso podría vivir yo sin este hombre imperfectamente perfecto? ¿Podría? No, no podría, y no quiero perderlo de la forma más tonta, así que, desde aquel punto de la casa en el que todo me causa pánico, terror y soledad, grito:

-Eric, vuelve… ¡Ponme ese anillo y bésame, por favor!

miércoles, 30 de octubre de 2013

Comentario de la autora.

Llegados a este punto de la vida de Rebecca, todo se vuelve más complicado. Existen fechas y números a recordar, los fallecimientos de los personajes aumentan (pido perdón si esto crea algún trauma) y las emociones se intensifican. Ahora es cuando más se debe poner uno en la situación de la protagonista, porque es obligatorio tomar decisiones desde el punto de vista de Rebecca, debes saber qué hacer en casa ocasión, y saber expresarlo lo mejor posible.
Escribir una novela, acaba convirtiéndose en escribir una vida que te gustaría o detestarías vivir.

Pdta: Gracias a todos por dedicar parte de vuestro tiempo en leer 'Diario de una Escritora'. Besos.

domingo, 27 de octubre de 2013

Capítulo 29.

Camino hacia un bloque de edificios. Esto es algo que debería haber hecho hace mucho tiempo, pero no aceptaba que yo estaba mal. Ahora, aunque ya esté bien, debo hacer esto para no decaer en una depresión que me aparte de vivir la vida. Y lo haré por ellos, porque les debo la vida y merece ser aprovechada.
                                   *                     *                     *                     *
-Bien, lo primero es aceptarlo, y me alegra que lo hayas hecho, así la terapia irá mucho más rápido, Rebecca.
-Ajam… -asiento lentamente.
-Bien, hoy deberás asumir que lo que le ocurrió a tu padre no fue culpa tuya. Tú solo le dijiste la verdad, hiciste lo que debías hacer, ¿comprendes? – asiento de nuevo. –Ahora cuando pienses en eso, solo tienes que repetirte a ti misma que no fue tu culpa, además tu padre ya estaba mayor – apunta en un papel todo de lo que hemos hablado y me lo entrega. –Hasta la próxima semana, Rebecca.
-Hasta el próximo miércoles, Alejandro – y vuelvo a casa, removiendo en mi cabeza el días que enterramos a mi padre…

Día 2 de Noviembre del año 2013…
Hay un cura rezando a Dios para que acoja a mi padre en el cielo. Yo nunca fui muy religiosa, pero espero que mi padre tenga una buena vida, y se reúna con Josh. Aun tengo la esperanza de que juntos puedan volver a ser felices…
-Amén – finaliza el hombre. Mi madre ya no puede contener las lágrimas y deposita un ramo de rosas amarillas sobre la tumba en la que se encuentra mi padre, al lado de la de mi hermano. Yo poseo dos rosas rojas: una para mi padre y otra para Josh. Espero poder volver a  verlos pronto.

La noche del 5 de Febrero del 2014…
Una mujer anciana deposita en mis manos una carta escrita sobre papel antiguo.
Cariño, Josh y yo te cuidamos desde aquí arriba, porque eres nuestra niña, nuestra pequeña del alma. Siento revivir unos momentos felices de mi pasado al escribir todo esto y suplico que me perdones si te hago llorar, pero solo te quiero confesar que lo único que siempre buscamos tu hermano y yo, fue verte feliz. Ahora tienes lo que necesitas, tienes a Eric, que es un chico estupendo y no dudo de que te cuidará, como nosotros lo hacemos desde aquí arriba. Hoy tu hermano dijo exactamente: “La amo, la amo tanto… Siempre fue la mejor hermana y estoy muy orgulloso de ella”.
Te quiere,                                           Papá.


Me despierto bañada en un pánico que parece querer envolverme en él y llevarme al séptimo cielo. Todos estos sueños me hacen pensar y comerme la cabeza. ¿Y si de verdad mi padre me escribió esa carta y me llega en forma de sueño? ¿Y si lo único que pasa es que me estoy volviendo loca? No logro diferenciar la realidad de los sueños, y ese es un grave problema que acabará matándome, pero no matar de dejar tu cuerpo y tener el alma libre, sino matar de separar los sentidos, ver cosas que me hagan querer estar muerta. Porque hay diferentes muertes, y la peor es la segunda opción, la que te lleva al destierro de esta sociedad, en la que vagabundos, locos; es decir, gente diferente, gente que ha tenido una vida difícil, no es admitida.

martes, 15 de octubre de 2013

Capítulo 28.

SEGUNDA PARTE:
(Capítulo 28).
A mirar hacia delante, que para atrás ya dolió bastante…”
Llevo mucho tiempo sin escribir, ya que mi depresión me lo impedía, a parte de que tengo miedo a volver a tener cara a cara a Jesús. Pero hoy es el día, el día en el que retomaré mi novela para todas aquellas personas que la leen. No volveré a la redacción, eso está claro, con lo cuál que pensé que lo mejor sería que “Diario de una escritora” se convirtiera en un libro. Un libro que intentaré publicar, porque ese es mi gran sueño. Eric siempre me regaña porque él sabe que yo opino que ese sueño no se hará realidad, y cree que  soy negativa… Ay, Eric me ha ayudado tanto últimamente...  Sí, él… Eric y yo ahora vivimos juntos, ya que tras aquel horrible 12 de Octubre nunca se separó de mí, y ahora es a quien más quiero, incluyendo a mi madre porque mi padre… Mi padre… Esto fue muy duro para mí. Ya han pasado unos meses, estamos a 5 de Febrero (solo faltan dos días para mi cumpleaños), pero su fallecimiento sigue demasiado reciente en mi memoria. Él fue enterrado en Londres, el día 1 de Noviembre, se murió por un infarto al corazón y yo sé que fue solo culpa mía.

1 de Noviembre del año 2013…
Los cuatro caminamos lentamente por las estrechas callejuelas de este tenebroso cementerio, vamos a visitar la lápida de mi hermano, ya que su cuerpo fue encontrado en un bosque unos días después de su asesinato… Nunca les he contado a mis padres que yo presencié la pérdida de Josh, pero creo que ya es el momento de que conozcan la dolorosa verdad.
-Padre… - susurro al viento mientras mi madre coloca flores muy coloridas sobre el mármol. –Creo que debes saber que yo… Yo os mentí – aprieto la mano de Eric, que me rodea suavemente con un brazo dándome a entender que tengo todo su apoyo. –Josh… Yo le vi morir. ¡Él se sacrificó para salvarme a mí, esos hombres no le querían a él! – veo la cara de mi padre y… Unas horas más tarde, mi madre, Eric y yo lloramos su adiós.

Día 5 de Febrero del año 2014.
Hoy he quedado para negociar con la representante de una editorial para ver si consigo que publiquen mi novela. Eric, como siempre, me ha dado ánimos y me ha asegurado que habrá suerte, aunque yo sigo pensando lo contrario.
Cuando llego al lugar acordado, una mujer de pelo azabache de unos 30 años se me acerca y se presenta sin vergüenza alguna..

-Buenos días, supongo que usted es la señorita Rebecca Johnson… Mi nombre es Mónica García, de la editorial IMB. Es un placer para mí – me ofrece la mano y como corresponde, la acepto… Vaya, no me había fijado hasta ahora, pero es guapísima, sus ojos celestes te atrapan como si fueras un pez que se ha escapado del agua que los envuelve. –Tengo entendido que trae una muestra de su libro, los primeros capítulos, ¿verdad? – asiento y empiezo a buscar el cuadernillo en mi bolso de piel color negro. Qué chica, va a lo que va y no quiere perder el tiempo. ¿Habrá quedado con algún escritor más? –Bien, perfecto, con esto será suficiente. Me despido que usted, que como supongo que ha podido observar, tengo prisa. Le deseo un buen día. Hasta pronto – se da la vuelta, y se aleja con paso firme. Tengo el presentimiento de que esa chica me recuerda a alguien… Y no a alguien precisamente bueno en lo que a mí respecta.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Capítulo 27.

Noto su suave piel apretando mi mano. Todo debe haber sido una pesadilla. Sí, eso ha sido. Necesito ver a Josh. Pronto haré un viaje. Menos mal que nada ha ocurrido de verdad. Menos mal.
-Rebecca, dime por qué lo hiciste – oigo a alguien sollozar. -¿Por qué? Dime que ese capullo no tuvo nada que ver. Júramelo – es Eric.
-¿Qué? – murmuro estupefacta. Nos encontramos en una habitación bastante grande, pero estamos a oscuras, miro por la ventana y una imagen llega a mi cabeza… Oh, no. De golpe voy recordando todo lo que ha pasado: Broche Caído, La Perla, mi hermano muerto, yo escapando en un taxi, mi intento fallido de suicidio… -Eric… ¿Por qué demonios lo hiciste? Yo no puedo vivir así, no quiero. He perdido lo más importante para mí, he perdido a Josh… - y las lágrimas rehacen el camino de siempre. Poco a poco siento como Eric me envuelve entre sus brazos y me acuna, por así decirlo. Me susurra palabras cariñosas y más tarde, me rindo al sueño entre sus brazos, ambos tumbados en el frío suelo de baldosas blancas, inmaculadas y perfectas. En mis sueños, las palabras se mezclan y veo el significado muy claro… He estado cara a cara con la muerte, y he ganado la primera batalla.

“Se podía morir de muchas maneras, pero, sin duda, esta era la mejor…”

FIN DE LA PRIMERA PARTE.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Capítulo 26.

Le pido al taxista que acelere lo máximo posible, y mientras, intento alejar de mi cabeza la tenebrosa imagen, no puedo dejar de comerme las uñas (haciéndome así, sangre). Siento unas ganas enormes de matar a John. Él es el culpable de la muerte de Josh (también Jesús), aunque yo me siento culpable en cierta parte por dejar que se sacrificara por mí. Joder, soy una hermana horrible. Ahora también tendré que dejar sola a Vane en Madrid para hacer compañía a mis padres y que no se sientan solos y abandonados por sus dos hijos.             
                                   *                     *                     *                     *
Día 12 de Octubre del 2013…
-Hola papá, hola mamá… -digo temblando al llegar a casa. -¿Podría quedarme a vivir aquí con vosotros?
-Pero Rebecca… No hay habitaciones libres y lo sabes, cariño – ahora es cuando les cuento una verdad oculta en una mentira.
-Sí, emm… Josh se cruzó conmigo cuando se iba de casa. Dice que es demasiado mayor para vivir con vosotros, que se largaba lejos a completar su vida y que no sabía cuándo volvería, si vuelve alguna vez – tras esto, mi madre se echa a llorar sobre mi hombro y me aprieta muy fuertemente contra ella, mientras que mi padre simplemente se queda impactado. Todo ha sido mucho mejor así, Josh sigue vivo en nuestros corazones. Espero que los hombres de John se deshagan de su cuerpo para no causar más dolor a mi familia.
-¿Y por qué te vas a quedar aquí? ¿Te lo ordenó él? Hija… No tienes que perder toda tu vida allí en Madrid por nosotros. Podemos cuidarnos solos – mi madre nunca ha estado tan triste, eso me impide hacerle caso.
-Mamá, me voy a quedar. No vas a perder a ambos hijos en un solo día. No. Me niego a irme – replico enfurecida porque esto no es culpa suya, es culpa de John y de todo ese tema relacionado con La Perla.
-Rebecca, vuelve al hotel y márchate con Jesús, él te necesita. Nosotros no – dice sabiamente mi padre, aunque dudo que Jesús me necesite. Opino que Jesús solo me tiene de entretenimiento para poder ocultar su avaricia. Por no haber entregado La Perla, han matado a mi hermano. A Josh… Cada vez estoy más y más furiosa. Me despido de mis padres y voy camino al hotel, dispuesta a poner fin a todo mi sufrimiento.
                                   *                     *                     *                     *
Camino lentamente por el pasillo que me dirige a mi habitación, cuando…
-¡Rebecca! – grita alguien a mis espaldas. –Me dijeron que te habías escapado, ¿cómo?

-Jesús… - debo ser fuerte. Yo puedo con esto y con muchísimo más. –Aléjate de mí – observo que está más que asombrado. –Lo sé todo. Josh me lo contó… Y por tu culpa, ahora él está muerto – lo he dicho, la garganta se me cierra y siento una espiral que me impide tragar. Estoy a punto de llorar. Salgo corriendo hacia mi habitación y cierro la puerta de un portazo, dudo que Jesús venga a verme. Ahora nadie puede verme tirada en el suelo, en posición fetal. Este es mi fin. Rebecca Johnson no puede soportar este sufrimiento más. He perdido lo que más quería. He perdido a mi hermano. Quiero volver a su lado. Poco a poco me levanto del suelo y me acerco al balcón de mi cuarto. Voy a poner fin a todo mi dolor y voy a volver al lado de Josh. Siento de veras el dolor que causaré a mis padres, pero no aguanto más. Ya no quiero vivir. Me coloco dispuesta a saltar. Adiós, estúpido mundo. Adiós. Y me dejo caer.

martes, 10 de septiembre de 2013

Capítulo 25.

La noche del día 17 de Abril del 2004…
Un joven vestido de negro (sudadera Adidas y una gorra de skeater) es perseguido por un joven alto con el pelo negro como el carbón, que empuña un arma en su mano derecha, en una callejuela oscura de Madrid.
-Para o te juro que disparo, John – dice el muchacho alto, de ojos azules como el hielo.
-Jota, no puedo creer que te hayas puesto contra nosotros, contra tus amigos. Siempre te tuve como mi mano derecha, siempre…
-Calla. Me he cansado de vuestros estúpidos juegos. Toda esta mierda no es lo que quiero en mi futuro, John. Mi futuro no es estar entre ratas como vosotros. Solo me hacéis caer cada vez más bajo, al principio solo eran pequeños robos, pero esta vez, fue un asesinato, no quiero acabar en la cárcel. Este será mi último crimen… - dice amenazante mientras se acerca lentamente con la pistola a John.
-No me mates, Jota, por favor… - suplica el skeater con la voz temblorosa.
-¡No te voy a matar, idiota! Dame La Perla, vamos – John no quería cooperar, entonces Jota le apunta con la pistola y le arrebata algo de un bolsillo de la sudadera. El objeto cae al suelo cuando John le pega un codazo, haciendo que la pistola salga lanzada hacia el suelo, y rápidamente huye entre la oscuridad…
-¡ERES UN CABRÓN, JOTA, NUNCA MERECISTE SER MI MANO DERECHA! ¡TRAIDOR!  - grita mientras se aleja. –La perla (…) Broche Caído, no mereces otro nombre…
                                   *                     *                     *                     *
Día 11 de Octubre del 2013…
Me acabo de despertar con el ruido de una puerta… Ahora recuerdo dónde estoy. Sigo secuestrada en Dios sabe dónde y  no puedo escapar hasta que Jesús entregue a todos estos hombres lo que quieren: La Perla, que según Josh me contó ayer, porque le supliqué, es un broche antiguo y de mucho valor, que estaba en posición de un grupo de criminales (al cual pertenecía Jesús, aunque yo siga sin creerlo), pero tras un asesinato, Jesús (al que llamaban Jota en sus años de juventud) se jugó su vida robando el broche. Actualmente, el broche sigue en propiedad de Jesús, o Broche Caído, que es como lo llaman todos estos tipos… No sé cómo se ha llegado a involucrar mi hermano aquí, pero ahora es la nueva mano derecha de John (que es Mario, aunque aquí nadie lo llama así, él fingió el accidente de coche y su muerte para poder volar a Londres e investigar si era cierto el rumor de que Jesús había vendido La Perla a un rico empresario, pero todo era falso, un simple rumor…).
-Broche Caído anda buscándote, hermanita… Y se ofrece a pagar un millón de euros por ti, pero nosotros no queremos dinero, queremos La Perla, así que seguirás aquí durante un largo tiempo – la voz de Josh se notaba enfadada.
-¿Qué tiene ese broche para que sea tan importante? – pregunto decididamente, esperando una bofetada por parte de mi hermano. –Porque… No creo que valga más de un millón de euros.
-Nunca lo entenderías, Becky – así es cómo me llamaba de pequeña. Un recuerdo llega de inmediato a mi mente…
                                   *                     *                     *                     *
Día 25 de Diciembre del 1994…
Hoy es el día de Navidad, vivimos en una granja, Papá Noel me ha traído una preciosa muñeca de porcelana porque me porté bien durante todo el año. Papá acaba de llegar a casa y decido salir a recibirle…
-¡Papiiiii! – me abalanzo sobre él, me coge al vuelo y me da un beso en la mejilla.
-Mi pequeña… ¿Te gustó lo que te trajo ese gordo vejestorio? – me dice sonriendo y yo asiento eufóricamente. De repente, ambos oímos un fuerte golpe en las escaleras y nos acercamos rápidamente. Mi hermano Josh acababa de tropezar  y le salía sangre de la cabeza.
-¡Josh! – gritó mi padre preocupado, rápidamente mi madre también acudió. Yo solo lloraba y lloraba. A Josh le salía tanta sangre que pensaba que se iba a morir. Mis padres me ordenaron que me quedara a su lado mientras uno sacaba el coche y otro cogía los abrigos y paraguas.
-Josh, hermanito… - sollozaba. –No te mueras, por favor…
-Becky, Becky… Te quiero – y más tarde solo se me oía a mí llorar pensando que lo había perdido para siempre…
                                   *                     *                     *                     *
Día 11 de Octubre del 2013…
-¿En qué piensas, Rebecca? – murmura Josh.
-Josh… Lo lamento tanto… - la primera lágrima cae por mi mejilla y él la atrapa con dulzura. –Nunca debería haber partido hacia Madrid. Jamás te hubieras topado con ellos. Te quiero. Perdóname. Josh… - me estaba abrazando. No quiero que este momento pase. No quiero que mi hermano me vuelva a pegar, jamás. Le quiero, él no es él cuando me pega, lo sé.
-Becky… No llores, por favor. Yo soy el que debe lamentarlo, pero… Créeme que no lo lamento porque me he convertido en un monstruo y ya no puedo sentir nada. Estoy vacío por dentro. Me coloco y he olvidado muchas cosas, pero aun así sé que yo siempre te he querido muchísimo – me dice al oído mientras seguimos abrazados. Me empieza a guiar hacia la puerta que la oscuridad me impedía ver. –Vas a salir de aquí, porque tú no tienes la culpa de nada de lo que ha ocurrido, pero permite que te dé un último consejo…
-¿Sí? – estoy muy atenta.
-Jamás te vuelvas a acercar a mí, no merezco tener una hermana tan buena como tú, soy un estúpido, lo sé… Ah, y aléjate de Broche Caído, hazme caso, por favor – ambos nos dirigimos sigilosamente a la puerta de salida de aquellos almacenes. –Te pedí un taxi, está al cruzar la calle… Te quiero, Becky.
-Y yo a ti, Josh… ¿Qué pasará con papá y mamá? – le pregunto inocentemente.

-No volveré a casa, no quiero meterlos en todo este lío. Quédate con ellos, no vuelvas a Madrid, por favor. No quiero que ellos sufran por perder a ambos hijos – asiento levemente y corro hacia el taxi que me está esperando al otro lado de la carretera… Me asomo por la ventana y lo último que veo antes de que el taxi acelere es como Josh mueve los labios murmurando la palabra “Huye”, luego, cuatro hombres vestidos de negros lo agarran fuertemente y veo como uno de ellos le mete un balazo en la cabeza a mi único hermano.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Capítulo 24.

La multitud corre hacia cualquier dirección. Todo son gritos y sollozos. Jesús me está sosteniendo entre sus brazos protectoramente mientras nos alejamos en busca de la salida. A lo lejos veo al tipo que ha disparado, y entonces me doy cuenta de que es él, es Mario. La salida está cerrada, parece ser que estamos aquí atrapados.
-Rebecca, tienes que conseguir llegar a la puerta lateral pasando desapercibida, después, llega hasta el bar que hace esquina, el de las ventanas de vidrio verde, y espérame en los baños. Si alguien te sigue, intenta que te pierda de vista. ¿Vale? – me susurra al oído y yo asiento. –Te quiero, nos veremos allí en unos cuarenta y cinco minutos – me aferro a él, pensando que todo se ha acabado sin haber comenzado y salgo corriendo hasta que me doy cuenta de que tengo llena de sangre mi camisa de tela.
                                   *                     *                     *                     *
He estado corriendo durante quince minutos, mientras vigilaba que nadie me siguiera, hasta llegar a esta taberna de mal augurio. Actualmente estoy encerrada en el baño de mujeres y he estado comprobando mi piel, a ver si tenía algún balazo, pero no. Eso solo me deja una opción en la que pensar: Jesús está herido ahí fuera y puede que esté teniendo problemas, pero si me dijo que viniera aquí es porque puede solucionarlo todo él solo, o al menos eso espero.
                                   *                     *                     *                     *
Los minutos han pasado y ya son las 14:48, Jesús ya debería haber llegado… De repente oigo como alguien entra en el baño de hombres, inspecciona el cuarto y vuelve para entrar en el de mujeres. Jesús ya está aquí. La puerta se abre y…
-¡Mario! – grito estupefacta.
-Sabía que estabas aquí, niña. Ah, y llámame John. Vamos, ven conmigo – dice de mala gana.
-¿Dónde está Jesús? – no, no, no. No voy a ir con este psicópata a ninguna parte si no sé dónde está Jesús.
-¿Quién? ¿Broche Caído? – me pregunta maliciosamente. ¿Broche Caí…? No sé de quién me está hablando… John me agarra por la mano fuertemente. –Vámonos, no debemos perder el tiempo.
-¡Suéltame, hijo de puta! – le propino un rodillazo en el estómago y salgo corriendo del cuarto de baño, pero… Cuando quiero darme cuenta, tres fornidos hombres me apuntan con pistolas.
                                   *                     *                     *                     *
Cuando me despierto, tengo las manos y los pies totalmente inmovilizados. Me encuentro perdida en la oscuridad y sentada en una silla. Empiezo a gritar por pura tensión que recorre mi cuerpo. No me pueden haber secuestrado y tenerme aquí retenida por semanas.
-Cállate, Rebecca – dice una voz conocida, la he oído esta mañana. –No vas a salir de aquí hasta que Broche Caído nos traiga lo que nos pertenece.
-¿Josh…? ¿Eres tú? – y recibo un puñetazo en mi mandíbula. Esto no puede ir peor. Me siento dolorida de arriba abajo. –Josh… ¿Cómo puedes estar haciéndome esto, a tu propia hermana…? ¿Y quién narices es Broche Caído? – le pregunto sollozando.
-Shhh. Cállate. Broche Caído es ese tipo al que llamas novio…
-No tengo novio, Jesús y yo solo somos amigos – replico en mi defensa. -¿Por qué lo llamas Broche Caído?

-Oh, ¿no te lo ha contado? – se burla de mí. –Pues vaya, te quedarás sin saberlo, porque no seré yo el que te lo explique todo. Me voy, te soltaré si prometes no intentar morderme o algo por el estilo, hermanita – asiento y me libera de las cuerdas y coloca una vela sobre una mesa que había a mi lado, que por culpa de la falta de luz no había visto aun, y señala mi comida y bebida. –Ya puedes rezar para que Broche Caído siga vivo y valgas para él más de lo que vale La Perla.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 23.

Deshago mis maletas inmediatamente y tomo una ducha rápida. Cuando miro el calendario de mi BlackBerry me doy cuenta de que hoy es viernes 10 de Octubre y que debería estar en la redacción de Los secretos de Agatha preparando Diario de una escritora en vez de estar aquí con mi jefe de vacaciones.
Aún sigo pensando en la estúpida nota, la cual la tengo guardada en el bolsillo trasero del pantalón vaquero que llevaba hace un momento. Salgo de la habitación con mis húmedos rizos rebotando sobre mi fresca espalda y  llevo puestos unos vaqueros negros y una camisa de tela de color amarillo pálido. Más tarde llaman a la puerta: es Jesús. Me ofrece su brazo, lo acepto y salimos de aquel hotel que se está convirtiendo en mi mayor pesadilla.
                                   *                     *                     *                     *
Jesús y yo caminamos por Westminster, una calle de Londres, exactamente en la que viven mis padres. Cuando Jesús se para y llama al timbre de un bloque de apartamentos me quedo mentalmente paralizada. Oh, Dios. Esta es mi casa… ¿A dónde pretende llegar Jesús? Sigo a Jesús hasta el ascensor y subimos. Ahora no hay nadie en casa, mis padres deben de estar trabajando en el restaurante que ambos dirigen, y mi hermano… Josh, que debe de estar en la biblioteca estudiando o con sus amigos. Ahora, pensando, ¿cómo es que Jesús tiene llaves de mi casa? Hemos llegado a mi casa, y Jesús con lo caballero que es, me deja entrar en primer lugar. Las luces están apagadas y estamos casi en la penumbra. No se ve nada cuando…
-¡SORPRESAAAAAAAAAA! – toda mi familia me da la bienvenida de una forma tan especial. Veo a mi madre, a mi padre, a mi hermano… O Josh, qué cambiado está, y muy guapo. No me extraña que Vane se haya enamorado de él. Tiene el pelo realmente negro y corto, debe de medir ya un metro y ochenta y cinco centímetros y es realmente musculoso, aunque sus ojos… Son de un verde realmente extraño, un verde que hace ver que tiene la mirada perdida. Parecen unos ojos de… Drogado, y Josh jamás caería en las drogas, porque incluso llegó a hacer una gran campaña contra ellas en su instituto, alguien debió de hacerle esto.
                                   *                     *                     *                     *
Tras abrazar a todos (mientras Jesús ponía cara muy preocupada mientras andaba con su móvil), nos despedimos de ellos rápidamente, y nada más llegar al ascensor, Jesús me hace retroceder.
-¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan preocupado? – me di cuenta de que estoy a la defensiva desde que leí aquella nota, aunque es normal que esté tan preocupada...
-No salgas sola del hotel, ¿me oyes? – a Jesús se le salen los ojos de órbita. Está realmente furioso, y no sé qué he podido hacer… - ¡Rebecca!
-¿Qué…? ¿Qué está pasando? Jesús, por favor – estoy realmente asustada. No sé por qué me da que todo esto tiene que ver con el que escribió mi nota.
-Mira, te estaba diciendo que no salieras sola del hotel nunca, pero será mejor que vuelvas a Madrid – le miro esperando más explicaciones. –Las cosas se están poniendo realmente feas por aquí y no te voy a poner en peligro. Yo me quedaré unos cuantos días más para intentar solucionar todo esto, pero tú te vas ya. Iremos al hotel, harás tu maleta y cogeremos un taxi que nos lleve directos al aeropuerto. No quiero que pases aquí ni un solo minuto más – me dice, y no hay manera de discutir las cosas. Está realmente obsesivo con que me vaya.
                                   *                     *                     *                     *
Acabamos de llegar al aeropuerto y dentro de poco tendré que subir al avión. No me quiero ir, no me quiero separar de Jesús. No, no, no. No puedes irte ya. Mi yo interna tampoco quiere irse. Miro a Jesús por el rabillo del ojo y lo veo escribiendo con su móvil a gran velocidad. Las cosas no se están poniendo feas. No te quiere aquí con él y punto. Que te lo diga a la cara y ya está… Y pensándolo bien… ¿No tienes una cena mañana por la noche, Rebecca? ¡Cierto! Si no voy a esa cena mis seres queridos tendrán problemas… No, no, no. No puedo dejar Londres atrás.
-Tienes que subir ya al avión, Rebecca – me dice suavemente Jesús mientras me pone un mechón de pelo tras la oreja izquierda.
-No, Jesús. No me puedo ir… Tenía cosas que resolver mañana por la noche y son importantes, créeme – me mira cómo diciendo: “¿Y qué es más importante que tu seguridad?”, pero niego con la cabeza.
-Rebecca, mira, no te lo he querido decir para no ponerte en peligro, pero hay un tipo, y dejémoslo ahí, que intenta utilizarte para chantajearme, pero si te vas a Madrid no podrá hacerte daño, ¿entiendes ahora por qué te tienes que ir? – asiento con la cabeza. Creo que debería decirle lo de la nota. Debería saber la verdad.
-Pero… Jesús, me dejaron esta nota en la habitación, creo que deberías verla. Por eso no debería irme – lee la nota y cuando acaba me mira y lo único que susurra es:
-Maldito John… - le miro con cara alarmada, pero no me contesta.
-¡Jesús! Tienes que entenderme. No puedo irme. Tengo que ir a cenar con ese tío para que no haga daño a mi familia. ¡Compréndeme, joder! – las lágrimas asoman. Soy una chica fuerte, pero yo no puedo soportar que a mi familia le pase algo.

-Rebecca, John ya ha hecho caer a tu hermano en la droga, le ha quitado la vida, por decirlo de algún modo. Va a pisotear a toda tu familia vayas o no a esa cena, pero si vas a esa cena, te pondrás es su poder, que es lo que más quiere, para poder hacer que yo caiga. Solo puede hacerme daño con algo, perdón, alguien. Y ese alguien eres tú, porque realmente me importas… Por favor, no le des al ladrón su botín. Si él te tiene a ti, me tiene bien agarrado – tras esto, lo único que oí fueron disparos.

lunes, 19 de agosto de 2013

Capítulo 22.

Estos sueños extraños, mejor dicho: pesadillas, están empezado a volverme loca. Si no cesan, tendré que pedir cita con un psicólogo y luego a lo mejor, me tasan de loca y me encierran en un manicomio lo cuál es probable porque todo esto parece tan, tan real…
-¿Compartimos habitación o no? – eso me trajo de vuelta a este mundo.
-Cómo quieras… Aunque preferiría habitaciones separadas, por favor – en realidad, no era eso lo que prefería, pero debía ser así porque tras mis pesadillas siempre me quedaba en estado de shock y  demasiado le preocupé ya en el aeropuerto.
-Dos habitaciones, entonces. Con cama de matrimonio en ambas, por favor – pidió Jesús y el joven apuntó algo y nos dio dos llaves: con un llavero que indicaba el número de la habitación: 406 y 407.
-Señores… 3ª planta a la derecha, al fondo – ambos asentimos con la cabeza y nos dirigimos al ascensor. A lo lejos veo a un joven, de unos treinta años, cargar con nuestras maletas, de repente levanta la cabeza y le veo, como si fuera un fantasma, desaparece y me pongo a temblar. Era él, era Mario.
                                   *                     *                     *                     *
-Estás pálidas, ¿pasó algo, Rebecca? – me pregunta tímidamente Jesús en el interior del ascensor. ¿Qué si pasó algo? Me dan ganas de reír. A ver… Acabo de ver a un muerto recogiendo nuestras maletas, pero no se lo puedo decir porque me encerrará antes de tiempo en el manicomio.
-No, no te preocupes, todo esta bien. De verdad – entonces suena un débil pitido que indica que hemos llegado a la 3ª planta.

Me despido de Jesús y entro a mi habitación, la 407. Allí está el doble de Mario (porque obviamente yo sé que Mario no puede ser) dejando mi maleta sobre la gran cama doble. Al salir, pasan cinco segundos y veo como una nota pasa por debajo de la puerta. Decido leerla:
Estoy aquí, te vigilo y trabajo investigando sobre tu pasado. Haz todo lo que te digo o tendrás problemas. Quedaremos mañana por la noche a las 10pm para cenar en el restaurante que hay enfrente del hotel (pagaré yo). Ven sola y no digas a nadie a dónde vas, si dudas en ir te diré una cosa: sé dónde vive cada uno de tus seres queridos  y no dudaré en causarles algún daño si dudas en hacerme caso.
.Leo unas cinco veces la nota y me quedo paralizada. Dios, esto no puede estar pasando. Alguien está aquí y quiere algo de mí y… Si no se lo doy acabará con Vane, mi familia, Eric, Jesús…

Mañana iré a esa cena. Ya está decidido.