La multitud corre hacia cualquier dirección. Todo son
gritos y sollozos. Jesús me está sosteniendo entre sus brazos protectoramente
mientras nos alejamos en busca de la salida. A lo lejos veo al tipo que ha
disparado, y entonces me doy cuenta de que es él, es Mario. La salida está
cerrada, parece ser que estamos aquí atrapados.
-Rebecca, tienes que conseguir llegar a la puerta
lateral pasando desapercibida, después, llega hasta el bar que hace esquina, el
de las ventanas de vidrio verde, y espérame en los baños. Si alguien te sigue,
intenta que te pierda de vista. ¿Vale? – me susurra al oído y yo asiento. –Te
quiero, nos veremos allí en unos cuarenta y cinco minutos – me aferro a él,
pensando que todo se ha acabado sin haber comenzado y salgo corriendo hasta que
me doy cuenta de que tengo llena de sangre mi camisa de tela.
* * * *
He estado corriendo durante quince minutos, mientras
vigilaba que nadie me siguiera, hasta llegar a esta taberna de mal augurio.
Actualmente estoy encerrada en el baño de mujeres y he estado comprobando mi
piel, a ver si tenía algún balazo, pero no. Eso solo me deja una opción en la
que pensar: Jesús está herido ahí fuera y puede que esté teniendo problemas,
pero si me dijo que viniera aquí es porque puede solucionarlo todo él solo, o al
menos eso espero.
* * * *
Los minutos han pasado y ya son las 14:48, Jesús ya
debería haber llegado… De repente oigo como alguien entra en el baño de
hombres, inspecciona el cuarto y vuelve para entrar en el de mujeres. Jesús ya
está aquí. La puerta se abre y…
-¡Mario! – grito estupefacta.
-Sabía que estabas aquí, niña. Ah, y llámame John.
Vamos, ven conmigo – dice de mala gana.
-¿Dónde está Jesús? – no, no, no. No voy a ir con este
psicópata a ninguna parte si no sé dónde está Jesús.
-¿Quién? ¿Broche Caído? – me pregunta maliciosamente. ¿Broche
Caí…? No sé de quién me está hablando… John me agarra por la mano fuertemente.
–Vámonos, no debemos perder el tiempo.
-¡Suéltame, hijo de puta! – le propino un rodillazo en
el estómago y salgo corriendo del cuarto de baño, pero… Cuando quiero darme
cuenta, tres fornidos hombres me apuntan con pistolas.
* * * *
Cuando me despierto, tengo las manos y los pies
totalmente inmovilizados. Me encuentro perdida en la oscuridad y sentada en una
silla. Empiezo a gritar por pura tensión que recorre mi cuerpo. No me pueden
haber secuestrado y tenerme aquí retenida por semanas.
-Cállate, Rebecca – dice una voz conocida, la he oído
esta mañana. –No vas a salir de aquí hasta que Broche Caído nos traiga lo que
nos pertenece.
-¿Josh…? ¿Eres tú? – y recibo un puñetazo en mi
mandíbula. Esto no puede ir peor. Me siento dolorida de arriba abajo. –Josh…
¿Cómo puedes estar haciéndome esto, a tu propia hermana…? ¿Y quién narices es
Broche Caído? – le pregunto sollozando.
-Shhh. Cállate. Broche Caído es ese tipo al que llamas
novio…
-No tengo novio, Jesús y yo solo somos amigos –
replico en mi defensa. -¿Por qué lo llamas Broche Caído?
-Oh, ¿no te lo ha contado? – se burla de mí. –Pues vaya,
te quedarás sin saberlo, porque no seré yo el que te lo explique todo. Me voy,
te soltaré si prometes no intentar morderme o algo por el estilo, hermanita –
asiento y me libera de las cuerdas y coloca una vela sobre una mesa que había a
mi lado, que por culpa de la falta de luz no había visto aun, y señala mi
comida y bebida. –Ya puedes rezar para que Broche Caído siga vivo y valgas para
él más de lo que vale La Perla.
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