Me
despiertan unas fuertes pisadas por el suelo del pasillo más cercano a mi celda,
porque esto no es una habitación aunque posea una gran cama y varios muebles a
juego. Tengo que ponerme a pensar una manera de escapar de aquí, pero sin
ventanas, las posibilidades de triunfar son completamente nulas, a parte de que
no se ve apenas, porque las velas están apagadas y la única iluminación
proviene de la rendija que hay por debajo del gran portón, el cuál está cerrado
con llave. Sigo oyendo pisadas. ¿Por qué hay tanto barullo? ¿Qué pasó con
Vanessa? De repente, me fijo en que hay un zumo de naranja en la mesilla de
noche que está al lado de mi cama, que sigue hecha porque no he podido levantarme
del suelo en toda la noche. Desde que estuve a punto de morir congelada, apenas
puedo mover mis extremidades, pero la sed se apodera de mí y consigo hacer tal
esfuerzo para obligarme a caminar hasta ese perfecto zumo. Cuando empiezo a
tragarlo siento que algo va mal, que ese vaso no contenía únicamente zumo,
entonces mi cabeza empieza a dar vueltas y dejo de pensar con claridad.
Una
cierta oscuridad bastante profunda me absorbe, dejo atrás la celda que tengo
por habitación y, de repente, frente a mis ojos tengo a Jesús hablando con una
copia de mí misma, sí, eso fue… ¡Ayer, cuando nos encontramos por casualidad! Y
las piezas del puzzle empiezan a encajar: colocaron algo en el zumo para que yo
recordara dónde me dijo Jesús que volveríamos a vernos, pero lo que no saben
todos los que me tienen aquí encerrada, es que Jesús no me dijo nada. No pueden
sonsacarme una información que no poseo, porque solo dijo que nos encontramos
por casualidad, remarcando tal palabra, entonces termino de comprenderlo todo: las
casualidades no existen. Jesús vendrá a por mí, o eso espero. Él es mi última
esperanza para salir viva de aquí.
De pronto, el agujero oscuro que me había
tragado, me trae de vuelta a la realidad y delante de mí solo veo a un John
furioso, que me causa verdadero terror, con una pistola en la mano que apunta
hacia mi corazón, el cuál ya está partido en dos, así que… ¿Qué más me da que
lo rompa en mil pedazos, si seguirá dividido entre Eric y Jesús?
-Hazlo,
dispara. Me harías un gran favor – consigo decir valientemente sin que apenas
me tiemble la voz.