domingo, 17 de noviembre de 2013

Capítulo 32.

Subo rápidamente por las escaleras del piso de Vane. Apenas puedo respirar, y no por la carrera, sino por Jesús. Le tenía olvidado. Enterrado en el fondo del baúl, al cuál la gente llama corazón. Toco el timbre nerviosamente hasta que se abre la puerta y veo la cara de alguien a quien no esperaba encontrar. Cuando me dispongo a huir en la dirección contraria, dos hombres vestidos de negro me agarran por los brazos y me impiden respirar, tapándome la cara con un pañuelo. De pronto, mis ojos se cierran y consigo oír algo antes de quedarme dormida:
-John, nuestro trabajo ya está hecho.
                            *                 *                 *                 *
No me puedo mover, me han inmovilizado las extremidades inferiores y superiores con fuertes cuerdas de color negro, y estoy tirada en el suelo, de lado. Cuando abro los ojos lentamente, veo a Vanessa en las mismas condiciones que yo, y al fondo de la habitación, está John.
-Cuánto tiempo, mi pequeña escritora – se va acercando a mí, y me muestra sus blancos y perfectos dientes… Esa expresión que hay en su cara no me gusta para nada.
-Sí, cuánto tiempo. ¿Qué tienes preparado para mí esta vez? – hago una pequeña pausa, porque siento que me ahogo. -¿Piensas acabar conmigo de una maldita vez?
-Ya sabes porque vengo siempre a ti. Mi gente te ha visto con Broche Caído, confiamos en que nos ayudes a atraparlo… Si quieres seguir con vida, claro – odio esa puta sonrisa de superioridad que siempre muestra cuando está frente a mí. Me da asco. Y… Sobre lo de atrapar a Jesús… No. No voy a ayudar al asesino de mi hermano. Prefiero morir. Mi hermano siempre me decía que era muy valiente. Y ahora es cuando tengo que demostrárselo.
-No voy a ayudarte. Así que puedes meterme un balazo en la cabeza como le hiciste a Josh. Estoy dispuesta a morir, con tal de que no te salgas con la tuya. No podrás encontrar a Jesús si no es por mí. Todas las posibilidades de encontrarle se irán al traste – de repente, sale disparado hacia la cocina, oigo como busca algo entre la cubertería y cuando vuelve, lleva en su mano un gran cuchillo de acero.
-No te mataré a ti, porque tu vida no te importa lo suficiente, pero apostaría cualquier cosa a que la de ella… – y se va acercando, paso a paso, segundo a segundo, hasta que el cuchillo roza la piel de Vanessa. –Sí te importa – termina la frase, haciendo un casi inexistente corte en la piel de mi mejor amiga, cada vez aplica más fuerza, hasta el arma empieza a teñirse de rojo…
-¡No, por favor! ¡A ella no! ¡Para…! – se ríe, espera que acceda a lo que me ha pedido. O le ayudo a atrapar a Jesús o me quita a otra de las personas más importantes de mi vida. -¡John, haré lo que quieras, te ayudaré a atrapar a Jesús…!

-Y te vendrás a vivir conmigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario