domingo, 10 de noviembre de 2013

Capítulo 31.

7 de Febrero del año 2014…
El día de ayer fue extraño pero precioso al mismo tiempo, tras llevar en mi mano el anillo de Eric, nos duchamos juntos y fuimos a comer a un restaurante exquisito. Por la tarde, estuvimos viendo modelos para las invitaciones de la boda… Eric las prefiere con fondo negro y letras blancas porque le parecen bastante elegantes, aunque yo había pensado en algo más romántico.
A parte, hoy voy a quedar con Vane, porque como es mi cumpleaños, me llamó diciendo que teníamos que vernos y comer juntas, y que ella invitaba. Eric me dejó unos pendientes a juego con el anillo de compromiso en la mesilla de noche (los cuales ya me he dado el lujo de estrenar) y luego se largó, porque hace unos meses abrió su propio negocio: una tienda de fotografía, que es lo que él siempre quiso, y yo le he apoyado, porque si es lo que siempre ha querido, es por lo que ha luchado y es lo que se merece.
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Camino por la calle, ya estoy cerca del piso de Vanessa, cuando alguien grita mi nombre a mis espaldas… Una voz conocida. Y mi mente vuela hacia el pasado…
Jesús… Aléjate de mí Lo sé todo. Josh me lo contó… Y por tu culpa, ahora él está muerto…
-Rebecca, sé que eres tú. Espérame, por favor. Deberíamos hablar – oigo a mi espalda, cada vez a menos distancia.
Empiezo a acelerar el paso. El pasado quedó atrás. No quiero revivirlo, bueno, no es que no quiera, es que no puedo. Sería demasiado para mí.
Cuando creo que le he perdido de vista, me escondo en un callejón e intento recobrar la respiración…
-No te vas a escapar tan fácilmente de mí, querida. No puedes olvidarme, no puedes huir de mí de esta forma – Jesús aparece detrás de mí y siento su cálido aliento en mi nuca.
-Jesús, déjame en paz, por favor. Quiero olvidarte… Como si nunca hubiera llegado a conocerte – digo sinceramente.
-Si  no me hubieras conocido, Josh estaría vivo… Y si Josh estuviera vivo, no me guardarías ese rencor. Todo está encadenado. No puedes deshacerlo.
-¡Cállate! Jamás vuelvas a pronunciar el nombre de mi hermano. Debería ser una gran carga para tu conciencia – sollozo.
-Ay, mi pequeña e indefensa Rebecca… Sabes perfectamente que yo no soy el verdadero culpable. Solo te engañas a ti misma para no reconocer que el que mató a tu hermano fue el hermano de Eric… Ah, por cierto, ¡felicidades por el compromiso! – exclama con una extraña sonrisa en el rostro.
-Jesús, para – me está haciendo daño. Sí, puede ser cierto que el culpable sea John, pero Eric no tiene la culpa de tener un hermano tan horrible. Por eso, siento que lo mejor es echarle la culpa a Jesús, que fue el que robó La Perla. De repente me doy cuenta de que… -¿Cómo sabes que nos casamos?

-Shh. Últimamente me entero de todo, querida. Ah, un consejo antes de que nos volvamos a encontrar por “casualidad”… Harías mejor pareja conmigo – me guiña un ojo y desaparece de mi vista.

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