lunes, 18 de noviembre de 2013

Capítulo 33.

8 de Febrero del año 2013…
Todo está aclarado y listo. Actualmente me encuentro en un helicóptero. Vamos a casa de John, porque cuando me pidió que me fuera a vivir con él, no me pude negar. No sé qué pasará con Eric, pero estoy dispuesta a separarme de él durante un tiempo con tal de salvar a mi mejor amiga, la cuál está sentada a mi lado, muda… Decido propinarle un débil codazo para ver si está aquí, en este mundo.
-¿Vanessa? – murmuro pero no recibo respuesta. Su mirada está perdida. Ella está perdida en un mundo paralelo al nuestro y dudo que vuelva algún día. Todo lo que voy a hacer será para que no ejerzan violencia sobre ella, porque ya está muerta psicológicamente.
                            *                 *                 *                 *
Nos han encerrado en una habitación de paredes oscuras, casi negras, y sin iluminación alguna, exceptuando un par de velas. Vanessa está tumbada sobre una alfombra granate, boca arriba, mirando al techo. Yo no puedo parar de pensar en lo que estoy haciendo. ¿De verdad voy a atrapar a Jesús para ponérselo en bandeja a estos criminales? ¿En serio soy capaz de hacer eso? Mi mente no hace más que hacerme recordar momentos que he pasado con Jesús, y así no vamos bien. Recuerdo las últimas cuatro palabras que me dedicó: “Harías mejor pareja conmigo”. También sería mejor si no tuviera que condenarle a muerte, y si Vanessa me respondiera y colaborara para arreglar toda esta situación absurda. Pero parece ser que el destino nunca está de mi parte… De repente se abre el gran portón que nos aísla y veo la cara de John asomarse. No solo me retiene aquí, que además, interrumpe mis preciados pensamientos.
-¿Qué tal vamos, escritora? – detrás de él está una mujer, a la que ya he visto con anterioridad… ¡Mónica García! La representante de la editorial IMB que quería mi libro.
-Tú… ¿Cómo…? – ambos se ríen. Se dirigen una mirada que significa “¿Se lo explicas tú o se lo explico yo?”
-Bien… Ya nos hemos visto antes, señorita. Le dije que me llamaba Mónica, pero como comprenderá… No podía decirle mi verdadera identidad. Y sigo sin poder hacerlo, así que se conformará con saber que John y yo somos socios. Ambos tenemos el mismo interés. Confiesa dónde está Broche Caído – su mirada me penetra y me siento como si fuera un libro abierto ante ella.
-No… No sé nada, se lo juro – ambos miran a Vanessa y sus miradas lo dicen todo. –Les digo la verdad, por favor, créanme. Ella no tiene la culpa de nada – sollozo mientras la sacan a rastras de la habitación y me dejan allí sola, de rodillas, aun suplicando.
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Sé que es de noche porque hace unas horas entraba luz por debajo de la puerta y ya no, además de que la temperatura ha descendido bastante. Juraría que en esta habitación estamos a unos 0 ºC aproximadamente porque apenas puedo moverme y no paran de castañearme los dientes.
Cuando parece que me estoy quedando dormida, unos gritos desde la habitación de al lado me hacen abrir los ojos de golpe. Son gritos desganados… ¡Vanessa! Los gritos no cesan y siento un nudo en la garganta que me impide pensar.
-Por favor… Por favor… ¡Me quemo, ayuda! – así que a mí pretenden congelarme y a ella reducirla a cenizas. -Os lo suplico, mi cara… Arde – tras esto, un silencio inmediato. Empieza a oler a quemado en mi cuarto, y entonces, noto como la temperatura disminuye aun más. Ahora es cuando empiezo a dejar de sentir las piernas. Un dolor de cabeza muy potente indica que no voy a aguantar así mucho más, pero por cualquier razón inexplicable, la temperatura empieza a volver a la normalidad.

 Al parecer, la primera noche de torturas ha finalizado.

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