En ese mismo instante, en un lugar muy
lejano…
Eric
sostiene entre sus manos una carta escrita en papel de pergamino, con olor a
lilas. Las lágrimas están haciendo que la tinta con la que fueron escritas esas
palabras se corra. El joven tiembla y solloza. Es de noche, enciende lentamente
una vela y se decide a consumir todo el dolor. Prende una esquina del papel… Y
las palabras se las llevan las llamas. Adiós. Poco a poco, todo queda reducido
a cenizas.
“Querido Eric:
Me decido a poner fin a lo nuestro, sé que te será
doloroso, y un poco confuso, puesto que acepté aquel anillo, pero únicamente
fue por… Pena. Siento si te cuesta asimilarlo, pero una dama no puede
permitirse vivir en una mentira como esta.
Si he de ser sincera, solo he amado a un hombre
durante todos estos meses, si estás pensando en Jesús, he de reconocer que no
estás equivocado. Aunque él me hizo mucho daño, no puedo olvidarle. Volveré a
Londres hoy mismo, te suplico que no me busques.
Pdta. Cuídate, no soportaría ser la culpable de tu
tristeza. Confío en que podrás recuperarte, ya sea tarde o temprano.
Rebecca.”
FIN DE LA SEGUNDA PARTE.
No hay comentarios:
Publicar un comentario