Mis hombres me han comentado que este sería el mejor momento para encontrarme con Rebecca por "casualidad". La calle está abarrotada y, de repente, ella está en mi campo de visión. Tras tanto tiempo observándola desde la oscuridad, por fin volveré a escuchar su suave voz. Dirijo toda mi atención hacia el brillante anillo que lleva en su mano derecha. Así que todo era verdad. Están comprometidos. Joder, la estoy perdiendo. No, no puede ser. Tengo que hablar con ella ya. No puedo soportar más tiempo este nudo en la garganta, producido por el saber que un día tendré que dejarla marchar, dejar de observarla desde mi amada oscuridad.
-Rebecca, sé que eres tú. Espérame, por favor. Deberíamos hablar - empiezo a correr lo más rápido que puedo. Cada vez la tengo más cerca. Ya casi... Y ha desaparecido, ya no está. Como si del viento se tratase. No puede ser. Pero, de pronto, mis ojos ven como el reluciente pelo negro, que llevo observando meses, se esconde en un callejón oscuro. Perfecto. Me lo pones aun mejor, Rebecca. La oscuridad es lo mío. Mi mejor campo de batalla. Decido seguirla.
-No te vas a escapar tan fácilmente de mí, querida. No puedes olvidarme, no puedes huir de mí de esta forma - susurro en su nuca y siento que un escalofrío recorre su cuerpo de arriba a abajo.
-Jesús, déjame en paz, por favor. Quiero olvidarte… Como si nunca hubiera llegado a conocerte – me dice, y parece que lo hace sinceramente.
-Si no me hubieras conocido, Josh estaría vivo… Y si Josh estuviera vivo, no me guardarías ese rencor. Todo está encadenado. No puedes deshacerlo - tengo que hacer que entre en razón y que vuelva a mis brazos, no a los de ese estúpido cretino con el que se acaba de comprometer.
-¡Cállate! Jamás vuelvas a pronunciar el nombre de mi hermano. Debería ser una gran carga para tu conciencia – solloza y me mira tiernamente. Quizá aun me quiere, quizá no. Quién sabe.
-Ay, mi pequeña e indefensa Rebecca… Sabes perfectamente que yo no soy el verdadero culpable. Solo te engañas a ti misma para no reconocer que el que mató a tu hermano fue el hermano de Eric… Ah, por cierto, ¡felicidades por el compromiso! – exclamo con una extraña sonrisa en el rostro, porque no es una sonrisa sincera. En realidad, mataría a ese individuo, pero ahora lo mejor que puedo hacer es atar al perro que tiene tantas ganas de morder. Tengo que controlarlo si quiero que Rebecca vuelva conmigo.
-Jesús, para – le estoy haciendo daño, demasiado. La tristeza se nota en sus ojos, tentados a llorar y desahogarse. No quiero que se derrumbe delante de mí... Entonces, baja la cabeza y me hace la pregunta que realmente me extrañaba que aun no hubiera hecho. -¿Cómo sabes que nos casamos?
-Shh. Últimamente me entero de todo, querida. Ah, un consejo antes de que nos volvamos a encontrar por “casualidad”… Harías mejor pareja conmigo – le guiño un ojo y decido desaparecer de su vista. Ya ha tenido suficiente por hoy. Volveré a visitarla pronto, o eso espero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario