Estoy intentando no internarme en el bosque, pero no sé cómo lo hago, que cada vez me adentro más en sus profundidades. Por el rabillo del ojo veo moverse una sombra detrás de mí, inmediatamente me giro para ver si simplemente me lo imaginé o alguien me está siguiendo de verdad, y allí estamos John y yo, de nuevo. Solos. Cara a cara. Sabía que la muerte venía a por mí. Y sabía que no iba a tardar mucho en aparecer.
-Ajá. Y volvemos a vernos de nuevo, preciosa - dice con su típica sonrisa. Hago una mueca de asco.
-¿Dónde está Jesús? ¿Dónde? Dímelo, joder.
-Estaría vivo si tú estuvieras muerta ahora mismo, pero fíjate... Prefirió salvarte y morir él. El amor os hace débiles.
Dicho eso, se adentra en el bosque dejándome con la boca abierta, cuando ya debe de estar muy lejos oigo un grito suyo: "Huye, las torturas aun no acabaron, acabo de soltar a unas bestias hambrientas que no tardarán en devorarte. Buena suerte, Rebecca".
Me quedo quieta. No, no, no. ¿Más torturas? Joder. Ahora Jesús está muerto y yo voy a acabar igual. Tendría que haber sido yo la que muriera, no él. Él podría seguir vivo, podría rehacer su vida. Empiezo a oír gruñidos lejanos. Rabia. Hambre. Esos gruñidos van a ser mi fin. Me obligo a levantarme y a empezar a huir. Si voy a morir, quiero morir luchando. Voy a intentar sobrevivir por Jesús. Porque él gastó su vida en mí, y no me puedo permitir tirar esa 'vida extra' que me dio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario