El muy grosero deposita sus manazas en la menuda y delicada cintura de la joven, y se pega mucho a ella, demasiado para mi gusto. Veo que sonríe como si hubiera ganado todo esto. Como si tras tantos años buscando lo que un día le quité de las manos, lo hubiese recuperado de la forma más simple.
Desde la distancia observo como ambos conversan. La cara de Rebecca muestra asco. Seguro que está deseando que acabe ese odioso baile tanto como yo.
-Créeme que al principio solo pedí este baile para poder tener una breve conversación a solas con la dama – murmura John enterrando su rostro en el pelo negro de su acompañante. Se ve que disfruta mucho con todo esto.
-¿Al principio? – le pregunta la que un día fue mi dama sin entender apenas nada.
-Oh, claro, fíjate en la cara de Broche Caído…
-Llámale Jesús – le contesta furiosa. Vaya, quizá es cierto que puede seguir sintiendo algo por mí, pero quizá no.
-Perdón, sí, Jesús… Su cara… El odio con el que me mira, me encanta. Es realmente fabuloso ver la envidia que tiene de que sean mis manos las que estén tocándola… Matarla lo destrozaría, además, dije que me lo pensaría durante el baile, no que usted viviría si bailaba conmigo, ¿está lista para morir? – la pregunta la dice gritando para que yo la oiga. Mis temores se han hecho realidad. Ambos moriremos.
La música ha dejado de sonar. Rebecca me mira directamente a los ojos. No puedo muestrar emociones ni sentimientos. Ni vida. Lo sé. Lo peor será si la matan a ella antes que a mí. No podré soportarlo. Y tendré que verlo, porque quiero ser lo último que ella vea antes de morir... Vaya, soy un egoísta, pero en realidad, siempre lo he sido. Dudo que pueda hacer algo ahora para cambiarlo.
Lentamente, dejo caer todo mi peso sobre mis rodillas, el dolor me está matando. Veo como la chica forcejea para venir hacia mí, pero ese mal nacido se lo impide.
-Hijo de puta, suéltame - grita con todas sus fuerzas.
-Adelante, atadle una cuerda al cuello y colgadla de esa lámpara, ¡rápido, no tenemos todo el día! – les ordena John a los tres gigantes que siempre le guardan las espaldas.
Empiezo a quedarme sin oxígeno. Va a hacerlo. Va a acabar con su vida delante de mis ojos. Preferiría que me hicieran cualquier cosa antes a tener que contemplar esto y sufrir de tal forma. Mi boca pronuncia su nombre continuamente, con dolor, y... Joder, yo tengo la culpa de haberla metido aquí. El lobo nos estaba acechando desde la oscuridad y yo la arrastré conmigo hacia él.
-Anda, ¿le habéis oído? – pregunta la mujer que se encuentra cerca de mí, Mónica, riéndose. –Nuestro Romeo está maldiciéndose por haber metido a Julieta en todo esto – terminan de ponerle la soga alrededor del cuello. Se encuentra sobre una silla de madera muy oscura. Cuando la quiten, la perderé. Para siempre. Ya estuve a punto de no volver a ver su pelo, sus ojos y su maravillosa sonrisa en una ocasión. No puedo permitirlo ahora. Me niego a ello.
John da la orden que sus hombres estaban esperando. La miro, y mis labios pronuncian: "Voy a salvarte". El más alto se encarga de realizar lo que su jefe le ordenó y le da una brusca patada a la silla. Rebecca pende de la cuerda. Va a morir pronto si yo no hago algo para salvarla.
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