Veo mi pelo
caer. Mechón tras mechón. Decidí cortarme el pelo antes de llegar a mi nuevo
trabajo. Le he dicho unas mil veces a la peluquera que me está atendiendo, que
es regordeta, bajita y con el pelo rubio, que me corte solo las puntas, porque
sé lo que pasa. Todos hacen lo mismo, le dices que solo las puntas y por poco
no te dejan calva. Me miro al espejo. Se está pasando.
-Solo las
puntas, por favor – le repito de nuevo para ver si ya me hace caso de una vez
por todas.
Pasan los
minutos. Me seca el pelo, me lo peina, pago y salgo de allí.
Todavía
queda una hora aproximadamente para la reunión. Decido pasarme por un
Starbucks. Hay cola, unas tres personas por delante de mí. Cuando llega mi
turno, me atiende un chico alto, con los ojos verdes como la hierba en
primavera y el pelo rubio, de un tono dorado.
-¿Qué desea?
– me pregunta de forma cortés.
-Un… Un
frapuccino, por favor. A nombre de… Rebecca, con dos “c”.
-Espere un
momento.
Saco mi
móvil del bolso, una BlackBerry de color blanco. Tengo un whats app de… Vanessa.
Vane es mi compañera de piso, yo trabajo de escritora y ella… Ha formado una
banda, “The Black Moon”, ella es la cantante.
-Tome su
frapuccino… Rebecca – me dice el joven.
-Gracias… -
no sé su nombre. Me quedo pensativa.
-Eric –
sonríe y me mira directamente a los ojos, sus ojos verdes me matan, son
preciosos. –Espero volver a verla por aquí… Rebecca.
-Adiós –
consigo decir. Qué majo… Salgo, todavía
me quedan cuarenta y cinco minutos. Camino por la calle… No sé qué hacer. Al
final, decido pasarme por el piso para ver qué quiere Vanessa… ¡Ey! Me acabo de
acordar. ¿Y mi BlackBerry? Dios, soy un desastre. ¡La he perdido! Pienso a ver dónde
la he dejado…
¡En el
Starbucks!
Salgo
corriendo en su dirección. Cualquiera que me vea ahora, corriendo con un
vestido negro y unos tacones de casi diez centímetros, pensará que estoy loca.
Entro por la puerta. Ya estoy despeinada, y acabo de salir de la peluquería
hace un rato. Ah, allí está Eric… Con mi BlackBerry. Qué vergüenza, me acerco a
él, me mira con una sonrisa pícara y dice:
-No todas
las jovencitas de hoy en día van dejando sus móviles en Starbucks.
-Ya… Gracias
por cogerla. Trae – le digo amablemente pero no me la da. – Trae, por favor.
-Te la doy
si quedas conmigo un día de estos – me guiña un ojo.
Chantaje. No
es justo, no puedo quedar con él si no le conozco, así que le murmuro:
-No puedo.
No te conozco de nada. Dame mi BlackBerry.
-No puedo.
No te conozco de nada – dice imitándome y añade:
-No sé si es
suya. Perdone – dice sonriendo.
¡Qué cabrón!
Ahora me tocará aceptar quedar con él o comprarme un móvil nuevo, y con tal de
no pasar de nuevo todos los contactos…
-Vale, quedo
contigo un día de estos. Dame tu número y devuélveme la BlackBerry para que lo
pueda apuntar - le digo en tono
refunfuñón.
-Toma… –
deja mi BlackBerry sobre el mostrador y apunta
en un papel su número de teléfono – Y toma. Hasta pronto, Rebecca.
-Hasta
pronto, Eric. Por tu culpa llegaré tarde al trabajo, te juro que esta te la
guardo - le digo mientras le saco la
lengua malhumoradamente.
Miro el
reloj. ¡Mierda! Son ya las seis menos cinco y tengo que estar en la redacción a
las seis. Ya no llego. Tardo en llegar, por lo menos, quince minutos
Corro, a más
no poder, rezo para no besar el suelo por culpa de mis tacones y también, para
que se haya retrasado la reunión media hora. El mensaje de Vane lo miraré
cuando salga de la reunión, no me queda otra opción. Sigo corriendo, y por fin
veo a unos quinientos metros, el edificio donde pronto trabajaré.
“Que se haya
retrasado la reunión… Que se haya retrasado, por favor…” es lo único que pienso
en estos momentos. Llego, entro por la puerta. ¡Mierda! Los ascensores están
ocupados. Hoy toca escaleras.
Unos
momentos más tarde camino “tranquilamente” por el pasillo de la redacción. Soy
la nueva y todos me miran extrañados como diciendo “¿Quién es esta?”, pero yo
los ignoro. No voy a caer en sus juegos. Todos llevan años trabajando aquí.
Temen que los nuevos les quiten sus trabajos, y por eso, intentarán hacerme caer,
pero yo no les daré ese gusto.
Ahí está. La
sala de reuniones. Ahora me dirán de que sección de la revista me tendré que
encargar durante mis próximos meses en “Los secretos de Agatha”, mi jefe,
Fernando, le puso ese nombre a la revista en honor a su madre, que siempre tuvo
el sueño de dirigir una.
Tengo una
idea no muy clara sobre lo que me mandarán. Sección de música es lo más
probable.
Tomo asiento
alrededor de la gran mesa. He sido la última en llegar. Primer día, primera
bronca. Genial.
Hola ^^
ResponderEliminarMe ha gustado el capítulo. El texto es fácil de leer y me encanta como esta relatado. :) Espero saber más sobre Rebecca (con dos 'c' ;)y a ver como le va la 'cita' con Eric. ¿Cuándo vas a leer el siguiente?
Love always, B.
Me alegro de que te guste. El 2º capítulo lo voy a subir ahora, en un rato.
EliminarBesos, espero que te guste.
Desde el primer momento empieza con acción. ¿Conseguirá Rebecca el trabajo? ¿Y qué tal le irá en la cita con Eric? Me ha gustado mucho, ya que me siento identificada con ella, más de una vez me he dejado el móvil por ahí, en la calle :)
ResponderEliminarJajajaja :]
EliminarMe alegro de que te guste y espero no defraudarte con los siguientes capítulos.
Besos.