Estoy en casa, metida en mi cama, pensando. Pensando en estos
últimos días tan felices hasta… El momento de la llamada de Catelyn. ¿Y si ella
sigue siendo la novia de Eric y él solo me iba a utilizar? No, no, no. Si fuera así no te hubiera preparado la sorpresa de esta
mañana. ¿Entonces…?
Alguien está llamando a la puerta de mi habitación. Oigo a
una voz suave suplicar.
-Por favor… Vanessa, déjame verla.
-No, vete, Fran. No sé para qué quieres verla ahora mismo,
pero vete – Vane era rotunda, gracias a Dios. Cogí mi BlackBerry para ver qué
hora era… Las 16:59, y tenía un whats app de Jesús: “¿Quedamos para tomar un café?”, enviado a las 16:21. Más o menos
cuando salí de casa de Eric. Le contesto:
“Como quieras. ¿Hora? ¿Lugar?”. No contestaba, con lo cuál que decidí ir a
ducharme.
* * * *
Me estoy vistiendo cuando oigo voces en el salón…
-¡No me gustaría que montar un espectáculo así que vete, déjala
en paz!
-¡Tú no eres quién para decirme que me vaya! – gruñó alguien.
-¡HEY! Tranquilizaros, por favor – decía Vane intranquila.
Me terminé de arreglar y salí a ver quién estaba montando ese
barullo. Me quede con la boca abierta y los tres miraron hacia mí: Vane, asustada,
Fran, furioso y… Jesús, impasible. Fran me agarró por el brazo y me llevó a mi
habitación, antes de que cerrara la puerta miré a Vane y a Jesús que estaban
nerviosos.
* * * *
Miro a Fran, ya no es el mismo que la otra noche. Ya no es
sensible, se ha puesto la armadura, me intimida.
-¿Estás con ese? – dice para impresión mía.
-¿Qué quieres? – le pregunto en un tono de voz casi
inaudible.
-Dime. Estás con ese, ¿sí o no? – repite más alto. Tengo
miedo. Si le digo que sí, sé que me hará algo malo y si le digo la verdad…
Acabará lo que el otro día dejó a medias. Gruñe mi nombre para que le conteste,
pero salgo corriendo hacia la puerta que por desgracia… Está candada y no me da
tiempo a escapar de él. Fran me empuja contra la puerta y sostiene mis muñecas
en alto. –Te he hecho una pregunta. Respóndeme.
-Fran, suéltame. Me haces daño – clava sus uñas en mis
mejillas y dejo escapar un grito. Me deja caer al suelo y me da una patada en
las costillas. El dolor me va hundiendo en la oscuridad. Voy contando las
patadas que voy recibiendo mientras grito y oigo el manillar de la puerta
moverse, Fran me grita un insulto por haberle dicho que no le quería la noche
pasada, pero llega un momento en el que yo no oigo más y la oscuridad me lleva.
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