sábado, 13 de julio de 2013

Capítulo 6.


¿Qué?
1º ¿Eric tiene un hermano?
2º ¿Soy tan realmente estúpida de andar metiendo en mi casa a gente que no conozco lo suficientemente bien para saber si tienen hermanos?
3º ¿En qué hospital está Eric?
4º ¿Tanto me importa Eric como para estar pensando en qué hospital está su hermano para poder ir a verle?
5º ¿En serio me ha llamado Beck? ¿Y esa confianza? ¿De dónde y cuándo ha salido?
Obviamente, me estoy comiendo la cabeza. Si quiero saber la respuesta a todas esas preguntas, la única persona para ayudarme es Eric. Lo mejor será que le llame y le pregunte por su hermano antes de nada. No quiero parecer maleducada. Vuelvo corriendo a mi habitación y busco mi móvil. Cuando lo encuentro, marco su número rápidamente. Bip. Bip. Bip.
-¿Beck?
-¡Eric! Me has asustado. ¿Dónde estás? – le pregunto preocupada. Esto puede conmigo. Me estreso.
-En el hospital, con mi hermano. Te dejé una… - empieza a decir.
-Sí, una nota en la puerta del frigorífico. La vi – oigo un suspiro por el altavoz del móvil. -¿Está… Está bien tu hermano?
-No, Beck… No sabemos si saldrá de esta. Un… Un camión se lo llevó por delante – oh. La voz de Eric se nota débil. Cuánto me gustaría poder abrazarlo… -Pero no te preocupes, Beck, no pasa nada. Espero volver a verte pronto, pero también espero volver a poder reír con mi hermano algún día. Mario lo era… Lo es todo para mí – algún enfermero grita al otro lado de la línea para que lleven a alguien al quirófano. –Rebecca, tengo que colgar…
-Adiós, Eric – susurro delicadamente dándole a entender que tiene todo mi apoyo.
-Adiós, Rebecca – está nervioso. –Te… Te… - y se corta. Ya no se oye nada. La comunicación se ha cortado. ¿Qué me iba a decir? ¿Te…? ¿Te qué?
Cojo mi zumo tropical y me siento en el sofá a ver la televisión. Cambio de cadena continuamente ya que  no hay nada que me llame la atención. Oigo la puerta, debe de ser Vanessa.
-¿Ya has vuelto? – le pregunto.
-¿Sabes dónde está el micrófono de repuesto? – pregunta alguien. Es Fran, el batería, el que le quería quitar la nueva canción a Vane.
-No… - me mira de arriba abajo. No sé que está pensando, pero me mira raro, me da miedo.
-Ayúdame a buscarlo en su habitación – me ordena. Paso delante de él y noto algo… ¿Me ha tocado el culo? – Vamos, no te estés ahí parada, no tengo todo el día.
-¿Me has…? – pregunto tímidamente.
-Sí, te he tocado el culo. ¿Quieres que te lo vuelva a hacer? – me agarra por la cintura y me empuja contra la pared, me besa y me intenta quitar la camiseta, pero lo detengo cuando le pego en la cara con la mano abierta. - ¿Qué haces? – me exige una respuesta furiosamente.
-No me vuelvas a tocar – le advierto.
-A mí las mujeres no me dan órdenes ni me pegan. Pagarás por esto – me amenaza y sale de la habitación de Vane, tirando al suelo la foto que hay sobre la mesilla de Vane, en la que salimos juntas, abrazadas. Es del primer día que vinimos aquí. Oigo como la puerta se cierra. Fran ya se ha ido.
¿Qué ha sido eso? ¿Me ha intentado, por decirlo de algún modo, violar? ¿Se cree acaso que las mujeres están a sus órdenes, que somos sus esclavas? Bah, si ya decía Vane que era un machista. ¿Me dijo que se lo pagaría? Tengo que decirle a Vane que no le vuelva a dejar sus llaves. A saber lo que me hará si tiene las llaves de casa. Finalmente, me quedo dormida en el sofá de color crema que hay en el salón.

Eric está a mi lado. Me sostiene la mano derecha. Me habla, pero no le entiendo, no comprendo nada de lo que me está diciendo. Alguien me agarra por detrás, por la cintura, Eric me suelta y me deja en sus brazos, es Fran. Me tira en la cama de Vanessa y me susurra en el oído “Te dije que me lo pagarías, te lo dije, estúpida…”. Como intento escapar, me ata con cuerdas a la cama, para que no pueda huir de sus manos, de su voz que me chilla, de él. Me empieza a desvestir y grito, grito todo lo que puedo y me silencia pegándome en la mandíbula, el dolor que siento es el que me silencia, no su golpe. Me hace lo que quiere, no me puedo mover, solo puedo cerrar los ojos e imaginar que estoy con Eric, que me protege en sus brazos, que me aleja de… Fran.

Abro los ojos, estoy sudando. Solo ha sido una pesadilla, una estúpida pesadilla que ha intentado jugar con mis emociones y sensaciones. Sigo tumbada en el sofá del salón, pero alguien me mira con los ojos muy abiertos… Vane. Están desorbitados, tiene miedo… por mí.
-¿Por qué me miras así? – le pregunto sin aliento.
-¿Por qué gritabas tanto? Me has asustado, Rebecca.
-No pasa nada, solo era una pesadilla – respondo. –Pero… prométeme que no le volverás a dejar las llaves a Fran, por favor. Prométemelo – le suplico.
-Le he hecho una copia, por si se necesita el micrófono de repuesto, ya que se ha ofrecido él a venir siempre que se necesite. Aunque es un poco machista, te harás su amiga, el micrófono se me suele olvidar casi siempre – me dice. No, no, no, por favor. Que esto sea también una pesadilla.
-Vale… - no le puedo decir la verdad a Vane, me tomará por loca. Tengo que pasar más tiempo fuera de casa. Saldré a correr o… Haré cualquier cosa. -¿Qué hora es?
-Son las once, llevas durmiendo toda la tarde, ¿verdad?
-Sí. Me voy a mi habitación a… Escribir. Será mejor que adelante trabajo – le digo intentando olvidar el tema de Fran.
Cojo el portátil y me pongo a trabajar con “Diario de una escritora”, lo de esta mañana era un borrador, voy a mejorarlo. Me paso horas pensando, pero en la cabeza solo tengo a Fran empujándome con todas sus fuerzas contra la pared. Como mi padre diría: “Maldito demonio, ojalá arda en el infierno”.

2 comentarios:

  1. Qué asqueroso Fran. Me cae fatal.
    Esperemos qué tal le irá a Rebecca con "Diario de una escritora"!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya verás en los siguientes capítulos.
      Lo siento por no haber respondido antes!
      Besos.

      Eliminar