¿Qué?
1º ¿Eric
tiene un hermano?
2º ¿Soy tan
realmente estúpida de andar metiendo en mi casa a gente que no conozco lo
suficientemente bien para saber si tienen hermanos?
3º ¿En qué
hospital está Eric?
4º ¿Tanto me
importa Eric como para estar pensando en qué hospital está su hermano para
poder ir a verle?
5º ¿En serio
me ha llamado Beck? ¿Y esa confianza? ¿De dónde y cuándo ha salido?
Obviamente,
me estoy comiendo la cabeza. Si quiero saber la respuesta a todas esas
preguntas, la única persona para ayudarme es Eric. Lo mejor será que le llame y
le pregunte por su hermano antes de nada. No quiero parecer maleducada. Vuelvo
corriendo a mi habitación y busco mi móvil. Cuando lo encuentro, marco su
número rápidamente. Bip. Bip. Bip.
-¿Beck?
-¡Eric! Me
has asustado. ¿Dónde estás? – le pregunto preocupada. Esto puede conmigo. Me
estreso.
-En el
hospital, con mi hermano. Te dejé una… - empieza a decir.
-Sí, una
nota en la puerta del frigorífico. La vi – oigo un suspiro por el altavoz del móvil.
-¿Está… Está bien tu hermano?
-No, Beck…
No sabemos si saldrá de esta. Un… Un camión se lo llevó por delante – oh. La
voz de Eric se nota débil. Cuánto me gustaría poder abrazarlo… -Pero no te
preocupes, Beck, no pasa nada. Espero volver a verte pronto, pero también
espero volver a poder reír con mi hermano algún día. Mario lo era… Lo es todo
para mí – algún enfermero grita al otro lado de la línea para que lleven a
alguien al quirófano. –Rebecca, tengo que colgar…
-Adiós, Eric
– susurro delicadamente dándole a entender que tiene todo mi apoyo.
-Adiós,
Rebecca – está nervioso. –Te… Te… - y se corta. Ya no se oye nada. La
comunicación se ha cortado. ¿Qué me iba a decir? ¿Te…? ¿Te qué?
Cojo mi zumo
tropical y me siento en el sofá a ver la televisión. Cambio de cadena continuamente
ya que no hay nada que me llame la
atención. Oigo la puerta, debe de ser Vanessa.
-¿Ya has
vuelto? – le pregunto.
-¿Sabes dónde
está el micrófono de repuesto? – pregunta alguien. Es Fran, el batería, el que
le quería quitar la nueva canción a Vane.
-No… - me
mira de arriba abajo. No sé que está pensando, pero me mira raro, me da miedo.
-Ayúdame a
buscarlo en su habitación – me ordena. Paso delante de él y noto algo… ¿Me ha
tocado el culo? – Vamos, no te estés ahí parada, no tengo todo el día.
-¿Me has…? –
pregunto tímidamente.
-Sí, te he
tocado el culo. ¿Quieres que te lo vuelva a hacer? – me agarra por la cintura y
me empuja contra la pared, me besa y me intenta quitar la camiseta, pero lo
detengo cuando le pego en la cara con la mano abierta. - ¿Qué haces? – me exige
una respuesta furiosamente.
-No me
vuelvas a tocar – le advierto.
-A mí las
mujeres no me dan órdenes ni me pegan. Pagarás por esto – me amenaza y sale de
la habitación de Vane, tirando al suelo la foto que hay sobre la mesilla de
Vane, en la que salimos juntas, abrazadas. Es del primer día que vinimos aquí.
Oigo como la puerta se cierra. Fran ya se ha ido.
¿Qué ha sido
eso? ¿Me ha intentado, por decirlo de algún modo, violar? ¿Se cree acaso que
las mujeres están a sus órdenes, que somos sus esclavas? Bah, si ya decía Vane
que era un machista. ¿Me dijo que se lo pagaría? Tengo que decirle a Vane que
no le vuelva a dejar sus llaves. A saber lo que me hará si tiene las llaves de
casa. Finalmente, me quedo dormida en el sofá de color crema que hay en el salón.
Eric está a
mi lado. Me sostiene la mano derecha. Me habla, pero no le entiendo, no
comprendo nada de lo que me está diciendo. Alguien me agarra por detrás, por la
cintura, Eric me suelta y me deja en sus brazos, es Fran. Me tira en la cama de
Vanessa y me susurra en el oído “Te dije que me lo pagarías, te lo dije, estúpida…”.
Como intento escapar, me ata con cuerdas a la cama, para que no pueda huir de
sus manos, de su voz que me chilla, de él. Me empieza a desvestir y grito, grito
todo lo que puedo y me silencia pegándome en la mandíbula, el dolor que siento
es el que me silencia, no su golpe. Me hace lo que quiere, no me puedo mover,
solo puedo cerrar los ojos e imaginar que estoy con Eric, que me protege en sus
brazos, que me aleja de… Fran.
Abro los
ojos, estoy sudando. Solo ha sido una pesadilla, una estúpida pesadilla que ha
intentado jugar con mis emociones y sensaciones. Sigo tumbada en el sofá del salón,
pero alguien me mira con los ojos muy abiertos… Vane. Están desorbitados, tiene
miedo… por mí.
-¿Por qué me
miras así? – le pregunto sin aliento.
-¿Por qué
gritabas tanto? Me has asustado, Rebecca.
-No pasa
nada, solo era una pesadilla – respondo. –Pero… prométeme que no le volverás a
dejar las llaves a Fran, por favor. Prométemelo – le suplico.
-Le he hecho
una copia, por si se necesita el micrófono de repuesto, ya que se ha ofrecido él
a venir siempre que se necesite. Aunque es un poco machista, te harás su amiga,
el micrófono se me suele olvidar casi siempre – me dice. No, no, no, por favor.
Que esto sea también una pesadilla.
-Vale… - no
le puedo decir la verdad a Vane, me tomará por loca. Tengo que pasar más tiempo
fuera de casa. Saldré a correr o… Haré cualquier cosa. -¿Qué hora es?
-Son las once,
llevas durmiendo toda la tarde, ¿verdad?
-Sí. Me voy
a mi habitación a… Escribir. Será mejor que adelante trabajo – le digo
intentando olvidar el tema de Fran.
Cojo el portátil
y me pongo a trabajar con “Diario de una escritora”, lo de esta mañana era un
borrador, voy a mejorarlo. Me paso horas pensando, pero en la cabeza solo tengo
a Fran empujándome con todas sus fuerzas contra la pared. Como mi padre diría: “Maldito
demonio, ojalá arda en el infierno”.
Qué asqueroso Fran. Me cae fatal.
ResponderEliminarEsperemos qué tal le irá a Rebecca con "Diario de una escritora"!
Ya verás en los siguientes capítulos.
EliminarLo siento por no haber respondido antes!
Besos.