La mañana ha
estado ajetreada, he estado escribiendo. Y… ya tengo el principio de la novela,
he decidido empezarlo desde mi primer día, desde mi día en la peluquería. Al
final, la peluquera me cortó solo las puntas y mi pelo azabache cae sobre mi
espalda. Actualmente estoy en casa con Vane, que intenta por encima de todo
sonsacarme información de Jesús, pero yo estoy preocupada por otra cosa porque
antes tuvimos una conversación, mientras comíamos…
-Esta noche
mi jefe va a hacer una entrevista y tengo que acompañarlo a una fiesta que hay
antes, ese hombre se llama… Rodrigo Díaz – así de clara soy.
-¿Rodrigo Díaz?
¿En serio, Rebecca? – está demasiado interesada. Asiento y sonríe. –Entonces,
te veré esta noche, ¿no?
-¿Eh? ¿Tú
también vienes…? – se ríe, se está divirtiendo con las caras que pongo. Bah,
Vane siempre es así y no cambiará nunca, debería acostumbrarme.
-Sí, nuestra
banda es la que toca en la fiesta. Rodrigo es el padre de Fran y nos contrató,
piensa que como él es famoso, sería una buena idea que la gente nos viera en su
fiesta, así “The Black Moon” se hará también famosa. Pero… - hace una mueca.
Algo ocurre. Vanessa solo hace muecas cuando pasan cosas que realmente le
preocupan. –Pero su padre ha exigido que sea Fran el que cante la nueva canción
“You are mine” – solloza. No, Vane, por favor. Tú nunca te dejas vencer.
Soporta.
-Oh, Vanessa…
Lo siento, era tu canción. Hablaré con Rodrigo después de la entrevista, para
que te la devuelva. Te lo juro. Veré que puedo hacer – me mira con los ojos muy
abiertos. No se lo cree. –Ahora, sonríe – me permito ponerme en su lugar por
una vez. Siempre he sido yo la que he tenido problemas, nunca ella. Y ahora
merece mi ayuda.
Cuando ella
se va a ensayar con la banda, le envío mi dirección a Jesús y me obligo a
soportar hablar con Eric por teléfono en vez de verlo en persona.
-Hola, Eric –
mi voz se nota nerviosa.
-Rebecca… Te
he echado mucho de menos. Gracias por llamarme.
Le pregunto
qué tal su hermano y si se recuperará, su respuesta no es nada buena. Si su
hermano sobreviviera, que es poco probable, tendría que ir en silla de ruedas…
Pobre Eric, lo oigo llorar al otro lado del teléfono mientras me dice eso.
Debería estar con él para animarlo. No lo conozco desde hace mucho, pero me parece
que es lo que debería hacer.
-Eric… Dime
en qué hospital estás y… - mañana tengo libre porque hoy es martes y he
trabajado, con lo cuál que mañana no tengo que ir. –E iré a verte.
-Oh, no hace
falta, Beck…
-¿Y qué que
no haga falta? Yo quiero ir a verte, quiero apoyarte, déjame ir, por favor - ¿Yo?
¿Suplicando a un tío? ¿Desde cuándo?
-Vale…
Estamos en el Hospital Clínico, habitación 1416, estaré aquí día y noche, así
que puedes venir a cualquier hora entre las doce de la mañana y las diez de la
noche – accede. Oh, me deja ir.
-Gracias.
Hasta mañana, Eric…
-Hasta
mañana, Beck – suspira. –Duerme bien esta noche – ha colgado.
No sé si
podré hacer caso a su petición de que duerma bien. Voy a dormir poco si voy de
fiesta, y si duermo poco no duermo bien.
Me pongo a
escribir hasta que suena en interfono. ¡Jesús! Ha venido media hora antes de
tiempo porque son las diez.
-Me cambio y
bajo, no tardo nada – contesto.
-Rebecca, no
hace falta que te des mucha prisa, yo te espero – y tengo la intuición de que
está sonriendo, como siempre.
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