lunes, 15 de julio de 2013

Capítulo 8.


La mañana ha estado ajetreada, he estado escribiendo. Y… ya tengo el principio de la novela, he decidido empezarlo desde mi primer día, desde mi día en la peluquería. Al final, la peluquera me cortó solo las puntas y mi pelo azabache cae sobre mi espalda. Actualmente estoy en casa con Vane, que intenta por encima de todo sonsacarme información de Jesús, pero yo estoy preocupada por otra cosa porque antes tuvimos una conversación, mientras comíamos…
-Esta noche mi jefe va a hacer una entrevista y tengo que acompañarlo a una fiesta que hay antes, ese hombre se llama… Rodrigo Díaz – así de clara soy.
-¿Rodrigo Díaz? ¿En serio, Rebecca? – está demasiado interesada. Asiento y sonríe. –Entonces, te veré esta noche, ¿no?
-¿Eh? ¿Tú también vienes…? – se ríe, se está divirtiendo con las caras que pongo. Bah, Vane siempre es así y no cambiará nunca, debería acostumbrarme.
-Sí, nuestra banda es la que toca en la fiesta. Rodrigo es el padre de Fran y nos contrató, piensa que como él es famoso, sería una buena idea que la gente nos viera en su fiesta, así “The Black Moon” se hará también famosa. Pero… - hace una mueca. Algo ocurre. Vanessa solo hace muecas cuando pasan cosas que realmente le preocupan. –Pero su padre ha exigido que sea Fran el que cante la nueva canción “You are mine” – solloza. No, Vane, por favor. Tú nunca te dejas vencer. Soporta.
-Oh, Vanessa… Lo siento, era tu canción. Hablaré con Rodrigo después de la entrevista, para que te la devuelva. Te lo juro. Veré que puedo hacer – me mira con los ojos muy abiertos. No se lo cree. –Ahora, sonríe – me permito ponerme en su lugar por una vez. Siempre he sido yo la que he tenido problemas, nunca ella. Y ahora merece mi ayuda.
Cuando ella se va a ensayar con la banda, le envío mi dirección a Jesús y me obligo a soportar hablar con Eric por teléfono en vez de verlo en persona.
-Hola, Eric – mi voz se nota nerviosa.
-Rebecca… Te he echado mucho de menos. Gracias por llamarme.
Le pregunto qué tal su hermano y si se recuperará, su respuesta no es nada buena. Si su hermano sobreviviera, que es poco probable, tendría que ir en silla de ruedas… Pobre Eric, lo oigo llorar al otro lado del teléfono mientras me dice eso. Debería estar con él para animarlo. No lo conozco desde hace mucho, pero me parece que es lo que debería hacer.
-Eric… Dime en qué hospital estás y… - mañana tengo libre porque hoy es martes y he trabajado, con lo cuál que mañana no tengo que ir. –E iré a verte.
-Oh, no hace falta, Beck…
-¿Y qué que no haga falta? Yo quiero ir a verte, quiero apoyarte, déjame ir, por favor - ¿Yo? ¿Suplicando a un tío? ¿Desde cuándo?
-Vale… Estamos en el Hospital Clínico, habitación 1416, estaré aquí día y noche, así que puedes venir a cualquier hora entre las doce de la mañana y las diez de la noche – accede. Oh, me deja ir.
-Gracias. Hasta mañana, Eric…
-Hasta mañana, Beck – suspira. –Duerme bien esta noche – ha colgado.
No sé si podré hacer caso a su petición de que duerma bien. Voy a dormir poco si voy de fiesta, y si duermo poco no duermo bien.
Me pongo a escribir hasta que suena en interfono. ¡Jesús! Ha venido media hora antes de tiempo porque son las diez.
-Me cambio y bajo, no tardo nada – contesto.
-Rebecca, no hace falta que te des mucha prisa, yo te espero – y tengo la intuición de que está sonriendo, como siempre.

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