Bien. Me
acabo de despertar, y Vane me ha convencido para que vayamos a desayunar al
Starbucks, lo que para ella significa conocer a Eric. Hoy es miércoles y tengo
que trabajar, pero no me viene nada mal reírme un rato con Vane, con lo cual
que he aceptado su invitación.
Me he puesto
unos vaqueros, porque ya empieza a hacer frío, y un jersey amarillo pálido, que
me lo regaló Vane cuando me vine a vivir con ella, ella lleva un pantalón corto
deportivo, porque cuando yo me vaya a trabajar se irá a correr.
Cuando
llegamos al Starbucks, veo a Eric en la caja, pero él no me ve. Vane lo mira de
arriba abajo y me susurra:
-¿Es ese,
Rebecca? – asiento. –Esta muchísimo mejor de lo que pensaba. Mira, cambio de
idea, no le llames, ni le hables, vete.
-¿Qué? – le suelto.
No sé lo que me está queriendo decir.
-Que ya no
le llames, si no te interesa, como buena persona que soy… - me mira riéndose. -Para
que no le rompas el corazón al pobre, pues me lo ligo yo.
Ha llegado
nuestro turno, Eric me ve y sonríe.
-¿Qué desean
Rebecca y su amiga?
-Me llamo
Vanessa – dice, y no me deja pedir nuestro desayuno. –Por tu culpa ayer a
Rebecca casi la despiden del trabajo – miente Vane -, así que por lo menos,
podrías salir con su mejor amiga – qué directa. Yo jamás sería capaz de soltarme
tanto ante un desconocido.
-Eric,
olvídala – Vane hace una mueca. –Yo quiero lo mismo que ayer y Vane…
-Yo lo mismo
que ella – dios, cómo habla. Es justamente lo contrario a mí. –Ponlo a mi
nombre.
-Esperad un
poco chicas – dice Eric.
Las dos
asentimos y noto como Vane me observa con mirada asesina. Como Vane se
encapriche… Pobre Eric. Le digo a Vane que suba a la planta de arriba y coja
sitio, que yo ahora subo, y me hace caso. Unos minutos después, Eric vuelve con
lo que pedimos. Me mira y se ríe.
-¿Ya se ha
ido tu amiga?
-Sí. Trae –
ya empezamos, como ayer, ahora no me da los frapuccinos. –Eric, no empecemos,
por favor, que tengo que ir a trabajar.
-Esto está a
nombre de tu amiga, así que te lo daré si al salir de trabajar, vienes conmigo
a comer – igual de directo que Vane. Estos dos deberían estar juntos y dejarme
a mí solita con mi ordenador portátil.
-Mmm… Solo
me lo vas a dar si te digo que sí, ¿verdad? – pregunto, noto que me queman las
mejillas.
-Pues sí,
obviamente. Pero es que me lo pones difícil, Rebecca – suspira. –Ayer, no me
llamaste, y si te dejo ir, es posible que ya no me llames.
-Vale, quedo
contigo. ¿A qué hora? – me mira y pone cara de “A la hora que tú quieras”. -¿Te
parece bien a las dos y media a la puerta de este Starbucks?
-Por mí,
perfecto – veo que se queda pensativo. –Ah, y nosotros dos solos, eh – añade.
-Hasta
pronto – subo por las escaleras, Vane está en las mesas del final. Me hace un
gesto con la mano para que la vea y me dirijo a ella. Me siento enfrente de
ella y le paso su frapuccino. Se lo bebe rápidamente, me revuelve el pelo y
sale corriendo. Ala, a hacer ejercicio. Me ha hecho venir aquí solo para ver
cómo era Eric, y encima luego me toca ir a comer con él. Me bebo rápidamente el
frapuccino, al igual que Vane, y empiezo a caminar hasta llegar a la redacción.
-¡Buenos
días, Rebecca! – me dice Javier, el secretario de mi jefe. –Jesús, el hijo de
Fernando, está en tu oficina– asiento y me dirijo hacia mi nuevo puesto de
trabajo. Abro la puerta de mi oficina y veo a un joven, que debe de ser Jesús,
con el pelo negro y los ojos azules. Vane diría que esa combinación también
debería estar prohibida.
-Hola – dice
seriamente. –Soy… Jesús. Subjefe, por decirlo de algún modo.
-Yo soy
Rebecca, con dos “c” – se ríe y me ofrece la mano. –Encantada.
-Bien,
imagino que ya sabes en lo que consiste tu trabajo – asiento. –Bien, la idea
fue mía, con lo cual que yo seré tu jefe, si necesitas ayuda o lo que sea… Mi
despacho está al lado – sonríe, qué sonrisa más perfecta. Vale, admito que me
he enamorado de su sonrisa y de sus ojos azules. –La novela puede ir de lo que quieras,
la cosa es que entretenga al público que lee la revista. Me gustaría que antes
de que te vayas a casa, hayas pensado sobre qué irá la historia y qué título
vas a ponerle… - camina hacia la puerta y antes de irse, dice: -Suerte, Rebecca
– cierra la puerta, y como la ventana está abierta, da un portazo.
Genial. A
ver qué título le pongo… Me viene a la cabeza Eric. Agg. Necesito concentración.
¿Y si…? No. Va a ser muy mala idea. Malísima idea. ¿Pero…?
Dios,
horrible. A la basura… Y uno tras otro iban a la basura… Eran las 2. Jesús
entró en la oficina para ver qué tal iba. Lo miré desesperada.
-Despídeme
ya. Yo no sirvo para esto –Jesús se acerca a la papelera que tengo a mi
izquierda… Y coge el papel arrugado de “Diario de una escritora”. Se lo lee, y
se empieza a reír. Lo miro asustada. A lo mejor le gusta y no me echan.
-¡Perfecto!
Me gusta “Diario de una escritora”. Esa será tu novela – antes de salir por la
puerta dice: -No me falles, pequeña escritora.
Yo aquí otra vez^^
ResponderEliminarLa cabezota de Vane... hahah me ha hecho reír :D
Yo pienso que Rebecca estaría genial junto a Eric, los polos opuestos se atraen.
Besos :)
Me gusta esa frase :)
EliminarYa verás cómo continúa la historia... Espero que te guste.
Besos.
Soy Pili !!!!! Me encanta tu novelaaaaa *---* me he enamorado... Siguela y avisame porfi
ResponderEliminarmuchos besos :D
Gracias, me alegro de que te guste.
EliminarBesos y espero no defraudarte.