miércoles, 10 de julio de 2013

Capítulo 3.

Bien. Me acabo de despertar, y Vane me ha convencido para que vayamos a desayunar al Starbucks, lo que para ella significa conocer a Eric. Hoy es miércoles y tengo que trabajar, pero no me viene nada mal reírme un rato con Vane, con lo cual que he aceptado su invitación.
Me he puesto unos vaqueros, porque ya empieza a hacer frío, y un jersey amarillo pálido, que me lo regaló Vane cuando me vine a vivir con ella, ella lleva un pantalón corto deportivo, porque cuando yo me vaya a trabajar se irá a correr.
Cuando llegamos al Starbucks, veo a Eric en la caja, pero él no me ve. Vane lo mira de arriba abajo y me susurra:
-¿Es ese, Rebecca? – asiento. –Esta muchísimo mejor de lo que pensaba. Mira, cambio de idea, no le llames, ni le hables, vete.
-¿Qué? – le suelto. No sé lo que me está queriendo decir.
-Que ya no le llames, si no te interesa, como buena persona que soy… - me mira riéndose. -Para que no le rompas el corazón al pobre, pues me lo ligo yo.
Ha llegado nuestro turno, Eric me ve y sonríe.
-¿Qué desean Rebecca y su amiga?
-Me llamo Vanessa – dice, y no me deja pedir nuestro desayuno. –Por tu culpa ayer a Rebecca casi la despiden del trabajo – miente Vane -, así que por lo menos, podrías salir con su mejor amiga – qué directa. Yo jamás sería capaz de soltarme tanto ante un desconocido.
-Eric, olvídala – Vane hace una mueca. –Yo quiero lo mismo que ayer y Vane…
-Yo lo mismo que ella – dios, cómo habla. Es justamente lo contrario a mí. –Ponlo a mi nombre.
-Esperad un poco chicas – dice Eric.
Las dos asentimos y noto como Vane me observa con mirada asesina. Como Vane se encapriche… Pobre Eric. Le digo a Vane que suba a la planta de arriba y coja sitio, que yo ahora subo, y me hace caso. Unos minutos después, Eric vuelve con lo que pedimos. Me mira  y se ríe.
-¿Ya se ha ido tu amiga?
-Sí. Trae – ya empezamos, como ayer, ahora no me da los frapuccinos. –Eric, no empecemos, por favor, que tengo que ir a trabajar.
-Esto está a nombre de tu amiga, así que te lo daré si al salir de trabajar, vienes conmigo a comer – igual de directo que Vane. Estos dos deberían estar juntos y dejarme a mí solita con mi ordenador portátil.
-Mmm… Solo me lo vas a dar si te digo que sí, ¿verdad? – pregunto, noto que me queman las mejillas.
-Pues sí, obviamente. Pero es que me lo pones difícil, Rebecca – suspira. –Ayer, no me llamaste, y si te dejo ir, es posible que ya no me llames.
-Vale, quedo contigo. ¿A qué hora? – me mira y pone cara de “A la hora que tú quieras”. -¿Te parece bien a las dos y media a la puerta de este Starbucks?
-Por mí, perfecto – veo que se queda pensativo. –Ah, y nosotros dos solos, eh – añade.
-Hasta pronto – subo por las escaleras, Vane está en las mesas del final. Me hace un gesto con la mano para que la vea y me dirijo a ella. Me siento enfrente de ella y le paso su frapuccino. Se lo bebe rápidamente, me revuelve el pelo y sale corriendo. Ala, a hacer ejercicio. Me ha hecho venir aquí solo para ver cómo era Eric, y encima luego me toca ir a comer con él. Me bebo rápidamente el frapuccino, al igual que Vane, y empiezo a caminar hasta llegar a la redacción.
-¡Buenos días, Rebecca! – me dice Javier, el secretario de mi jefe. –Jesús, el hijo de Fernando, está en tu oficina– asiento y me dirijo hacia mi nuevo puesto de trabajo. Abro la puerta de mi oficina y veo a un joven, que debe de ser Jesús, con el pelo negro y los ojos azules. Vane diría que esa combinación también debería estar prohibida.
-Hola – dice seriamente. –Soy… Jesús. Subjefe, por decirlo de algún modo.
-Yo soy Rebecca, con dos “c” – se ríe y me ofrece la mano. –Encantada.
-Bien, imagino que ya sabes en lo que consiste tu trabajo – asiento. –Bien, la idea fue mía, con lo cual que yo seré tu jefe, si necesitas ayuda o lo que sea… Mi despacho está al lado – sonríe, qué sonrisa más perfecta. Vale, admito que me he enamorado de su sonrisa y de sus ojos azules. –La novela puede ir de lo que quieras, la cosa es que entretenga al público que lee la revista. Me gustaría que antes de que te vayas a casa, hayas pensado sobre qué irá la historia y qué título vas a ponerle… - camina hacia la puerta y antes de irse, dice: -Suerte, Rebecca – cierra la puerta, y como la ventana está abierta, da un portazo.
Genial. A ver qué título le pongo… Me viene a la cabeza Eric. Agg. Necesito concentración. ¿Y si…? No. Va a ser muy mala idea. Malísima idea. ¿Pero…?
DIARIO DE UNA ESCRITORA.
Primer día de trabajo. Mi imaginación me juega malas pasadas. Necesito concentración. Mi trabajo debe estar listo a medio día. No tengo tiempo. Solo se me ocurre hacer un diario sobre mí. Algo que la gente lea y que le guste. Mi vida no es interesante. Pero me pasan tragedias, con las cuales la gente se puede divertir. Aquí estoy yo. Mi sobrenombre será RJ.
Ayer, me daba por muerta, perdí mi BlackBerry y encima llegué tarde al trabajo. ¿Qué más me puede pasar? Que al llegar a casa, mi mejor amiga me convenza para hacer la cena y que me toque recorrer toda la ciudad corriendo en tacones. Conclusión: Lo mejor que me pasó ayer fue que no me atropellaron.
Dios, horrible. A la basura… Y uno tras otro iban a la basura… Eran las 2. Jesús entró en la oficina para ver qué tal iba. Lo miré desesperada.
-Despídeme ya. Yo no sirvo para esto –Jesús se acerca a la papelera que tengo a mi izquierda… Y coge el papel arrugado de “Diario de una escritora”. Se lo lee, y se empieza a reír. Lo miro asustada. A lo mejor le gusta y no me echan.

-¡Perfecto! Me gusta “Diario de una escritora”. Esa será tu novela – antes de salir por la puerta dice: -No me falles, pequeña escritora.

4 comentarios:

  1. Yo aquí otra vez^^
    La cabezota de Vane... hahah me ha hecho reír :D
    Yo pienso que Rebecca estaría genial junto a Eric, los polos opuestos se atraen.
    Besos :)

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    1. Me gusta esa frase :)
      Ya verás cómo continúa la historia... Espero que te guste.
      Besos.

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  2. Soy Pili !!!!! Me encanta tu novelaaaaa *---* me he enamorado... Siguela y avisame porfi


    muchos besos :D

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    1. Gracias, me alegro de que te guste.
      Besos y espero no defraudarte.

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