miércoles, 10 de julio de 2013

Capítulo 2.

Todos me observan. Hasta que Fernando empieza a hablar:
-Esta es la nueva – yo creo que ya todos lo saben. –Su nombre es Rebecca, Rebecca Johnson. Le he asignado la nueva sección que os comenté la semana pasada. Se le ocurrió a mi hijo Jesús, y creo que la más indicada para llevarla es Rebecca - ¿De qué sección habla? Me he perdido, todos saben de qué habla menos yo. – Rebecca, tú deber será escribir una novela por capítulos. Un capítulo por semana. ¿Te parece bien? – Me he quedado embobada. ¿Escribir una novela por capítulos? Eso es magnífico.
-Sí, me parece perfecto. ¿Sobre qué debe ir? – pregunto.
-Sobre lo que tú quieras. Tendrás oficina propia, como cada uno de mis empleados, un sueldo medio, y tienes que venir a trabajar lunes, miércoles y viernes – Fernando hace una pausa. –Rebecca, haz los capítulos un poco largos, a ser posible.
-Sí, jefe – más tarde, Fernando empezó a hablar con otros empleados suyos.

Dos horas después…
Voy de vuelta a casa, son casi las ocho y media, Vanessa debe de estar preocupada, le dije que como muy tarde, llegaba a las ocho, y todavía me queda un buen paseo. Supongo que llegaré a las nueve.
Estoy llegando a casa cuando, de repente, mi BlackBerry vibra. Otro what’s app de Vane. Llego al portal, abro mi bolso… ¿Y mis llaves? Mierda… Se me han olvidado en casa. Toco el interfono. Prrrrr.
-¿Sí? ¿Eres las estúpida de mi amiga que se ha dejado las llaves en casa y no contesta al móvil? – dice una voz femenina.
-Sí, soy yo, la estúpida de Rebecca. Ahora, ábreme la puerta, Vane.
La puerta se abre, tengo tanto dolor de pies que descarto automáticamente la idea de subir por las escaleras. Prefiero el ascensor aunque vaya lentísimo. Primera planta. Piiiiii.
Cuando salgo del ascensor, Vane me está esperando a la puerta. Hoy está de mal humor, se le ve en la cara.
-¿Tan vaga estás hoy que me haces esperar aquí? Hay escaleras, ¿vale? – lo sabía, se le ve en la cara. Tiene una mueca extraña cuando está así. Algo malo debe haberle sucedido esta tarde con la banda.
-Vale, la próxima vez no dudaré en usarlas – me resigno a contestar. -¿Has hecho la cena?
-¿Me has contestado los mensajes que te envié? – la respuesta es “no” a ambas preguntas. Hoy me toca hacer la cena y aguantar una de sus broncas por no escucharla cuando lo necesita. Menudo día llevo.
Me encuentro haciendo la cena. Y realmente sé que Vane no la ha hecho porque no sabe cocinar, no porque esté enfadada de verdad. Ella lo llama enfado, yo lo llamo “refunfuñar a Rebecca porque no estoy de humor”. Las patatas fritas ya están y los filetes… También.
-Uy, cuánto me quieres, tiene una pinta deliciosa – dice sonriéndome. Yo básicamente hago todo en esta casa, pero luego es ella la que paga cuando salimos de fiesta, hace la compra y tal, ósea que no le puedo recriminar nada.

Cuando nos sentamos en la mesa, le pregunto que qué tal, y como ya me lo esperaba me cuenta una de sus moviditas con la banda. Fran, el machista del grupo, decía que la nueva canción que habían compuesto, debía cantarla él, y cómo no, Vanessa empezó a discutir con él porque, obviamente, debe cantar la cantante, no el batería. Pero al final, dice que mañana volverán a discutir, se hará a elección por los demás miembros del grupo, y saldrá ella. Luego me ha tocado contarle lo que me pasó con Eric, la BlackBerry y la nueva novela que me va a tocar escribir para la revista. Cuando le he hablado de la novela ha pasado de mí totalmente, pero con Eric… no. Me ha preguntado cómo era, y dice que se ha enamorado de él, dice que la combinación ojos verdes y pelo rubio debería estar prohibida porque es demasiado perfecta, incluso me ha regañado por no haber quedado con él ya. Sus palabras exactas son “No puedes perder tíos como Eric, te juro que si no lo llamas, lo llamaré yo, me compraré una peluca negra y me haré pasar por ti. Te lo juro”, entonces yo le he dicho que no hace falta una peluca, que se tiña el pelo y deje atrás su color pelirrojo, pero casi me pega con una sartén. Puede que Vane esté muy loca, pero la quiero y es la única que tengo aquí, a mi lado. Mis padres se quedaron en Londres y no creo que vuelva a verlos hasta navidad, y todavía quedan tres largos meses.

2 comentarios:

  1. Vane me ha caído muy bien. Parece la típica amiga que todas tenemos que suelen ser algo pesadas, pero son de las que necesitamos en nuestro día a día. Te sigo, y espero nuevo capi^^

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