domingo, 21 de julio de 2013

Capítulo 11.


Mi cabeza da vueltas. Un torbellino me está tragando y no puedo respirar. Salgo corriendo del hospital y me dirijo a un parque que está pasando la calle. Hoy hace sol, no me había dado cuenta antes. Me siento en un banco de madera y me acurruco en él agarrándome las rodillas. ¿Qué? Esto no está pasando en realidad. Mario no puede haber muerto. No, no, no. Cojo mi BlackBerry, tengo una llamada perdida de Jesús y un mensaje suyo: *Rebecca, llámame en cuanto puedas*. ¡A la mierda! Ahora no puedo llamarle. Marco el número de Eric… Bip, bip, bip. *EL TELÉFONO AL QUE USTED LLAMA ESTÁ APAGADO O FUERA DE COBERTURA* Claramente, hoy no es mi día. Pido un taxi y me dirijo a la casa de Eric, cuando llego intento recordar en qué piso vivía… 3ºC. ¡Eso era! Llamo al interfono…
-¿Sí…? – oigo sollozar al otro lado.
-Eric, soy Rebecca… Oh, cuánto lo siento… Ábreme, por favor – suplico tiernamente.
                                   *                     *                     *                     *
Eric está tumbado en un sofá blanco con una manta marrón muy suave, creo que es de terciopelo, pero quién sabe…
-Eric, tienes que superarlo. Vamos, tu hermano… Mario no te querría ver así. No estés así… Hazlo por mí, hazlo por tu hermano, por favor… - Eric levanta la cabeza y me mira con lágrimas por su cara. Oh, no, no, no. Las lágrimas vienen a mí, no puedo verle así… Quiero ver de nuevo su sonrisa, y rápidamente recuerdo el momento que me hizo chantaje con la BlackBerry y la cita, las rosas que me envió al trabajo y… El chapuzón en la fuente. Suspiro mientras las lágrimas bañan mis mejillas.
-Oh, no, Rebecca, por favor, no llores por mí – me pide con voz ronca. Está preocupado. –Beck, no, no… - me está abrazando, levanta mi barbilla y empieza a recoger mis lágrimas con sus suaves dedos. –No. Llores. Por. Mí – me dice con cariño realzando cada palabra.
-¿No vas a ir al velatorio? – pregunto tímidamente.
-No – gruñe. –No quiero ver el cuerpo pálido y sin vida de mi hermano en un ataúd metido – veo que está pensando algo… - Ven, aquí, duerme conmigo. ¿Me acompañarás mañana al entierro? – asiento. Me conduce a su habitación y en unos minutos lo veo dormir tranquila y  profundamete, parece un niño con su cabello rubio con destellos dorados. Y mis pensamientos empiezan a dirigirse a mí. ¿Qué estoy haciendo? Ayer besé a Jesús y hoy duermo con Eric. Tengo que decantarme con uno, no puedo jugar con los dos. El tema es: Amo a los dos, pero ¿cuál ganará mi amor: el tímido joven de ojos color hielo o el muchacho con el que duermo ahora, divertido y simpático con sus ojos verdes color un prado? ¿Prefiero el hielo, la tranquilidad, la timidez o prefiero la pradera, la diversión y la simpatía…? Mis ojos empiezan a cerrarse y ese pensamiento invade mis sueños.

4 comentarios:

  1. A mí Eric me robó el corazón desde el primer momento. Yo me iría con Eric, aunque Jesús sea muy atractivo.

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  2. Por dios Eric es un amor *----* y además lo está pasando fatal por el tema de su hermano.... Pobre Eric... Sí a mí hermana le pasas algo yo me moría.
    Patri me encanta la novela :D tienes que seguirla

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