Oigo pero no veo nada.
La oscuridad me aterra, quiero abrir los ojos, pero solo tengo a mis oídos
porque tampoco se me permite moverme.
-Ese maníaco debería estar encerrado.
-Para ya, Jesús, por favor – era Vanessa, reconocería su voz
en cualquier sitio.
* * * *
La oscuridad me traga continuamente y solo oigo parte de las
conversaciones que hay a mi alrededor.
-Oh, no, no, no. No sé porqué abandonó mi casa, nunca tendría
que haberse marchado de allí.
-¿Pero sois novios o algo? – preguntó la entristecida voz de Jesús.
-Claro, sino no estaría aquí con ella – Oh, lo está echando de la habitación. Preciosa indirecta, cariño. Y no
sé si somos novios, porque si tienes otra novia te puedes quedar con ella.
* * * *
-La Srta.
Johnson está perfectamente, no tiene nada grave, solo sigue inconsciente,
en cuanto despierte le haremos una revisión y no más probable es que le podamos
dar el alta en seguida. Solo tiene dos costillas fracturadas, que sanarán rápido
y algunas magulladuras – decía un médico.
-Gracias, Antonio – ese era Jesús, al parecer, Eric no había
conseguido apartarlo de mi lado. Lo necesito conmigo ahora que todo está tan
mal.
* * * *
Consigo salir de la oscuridad y por fin, abro mis ojos. La
luz es cegadora pero aun así consigo ver a Jesús dormido en un sillón a mi
lado, con nuestras manos entrelazadas. Ay,
Dios mío. Le amo. Decido no despertarle. Lleva uno de sus trajes tan
elegantes de marca, pero tiene el pelo un poco alborotado. Suelto mi mano de la
suya y acaricio suavemente su pelo, se lo coloco bien y vuelvo a entrelazar
nuestras manos. Quizás elegí mal. Quizás él
me quiere de verdad. Quizás debí decir que no a Eric. La cabeza me empieza
a doler demasiado y miro hacia Jesús a
mi derecha, y solo nosotros dos en toda la habitación. Solos. Juntos. “Para siempre” añadió mi yo interno
mientras el sueño ganaba su batalla y la oscuridad se apoderaba mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario