domingo, 21 de julio de 2013

Capítulo 10.


¿Qué? ¿Has escuchado bien, Rebecca? Mi yo interno está asustado y pálido, con la boca abierta, pero ya no grita. Fran me está mirando con los ojos abiertos. ¡Dile algo!
-Euh… Fran, yo no te quiero de esa manera - ¡Ni de  ninguna otra! –Lo siento – Fran resopla y centra su mirada en una imagen que tiene entre las manos que no tengo ni idea de cuando ha cogido. Me la da… ¡Rebecca, eres tú! ¿Cuándo te ha hecho esa foto?
-Ahí estás guapísima. Desde aquel día siempre te he querido para mí – esa foto será de hace un año, más o menos, fui a ver a la banda de Vane a un bar, llevaba un vestido color cereza que mostraba mi espalda desnuda y el pelo recogido en un moño que dejaba sueltos algunos mechones alrededor de mi cara. No salgo mal en esa foto, pero llegar a… ¿Enamorarse? Sí, se ha enamorado de ti, pero a su manera. Te quiere para él, pero… ¿Tú podrías quererlo? No, no, no. Yo no puedo querer a Fran, es un cabrón y un machista. Y entonces… ¿A quién quieres tú? A… ¿Eric? O quizás a Jesús. Los dos han sido muy buenos conmigo.  Nunca podrás querer a Fran. Díselo para que te deje en paz.
-Fran, yo no te quiero… Eres malo, un cabrón y un machista. Déjame irme de aquí.
-Ya te solté. Puedes irte cuando quieras – dice tristemente. Si puedes irte cuando quieras… ¿Por qué no te has ido ya? Porque no puedo dejar aquí solo a Fran, eso caería sobre mi conciencia. Yo soy buena, debo ayudarle a ser bueno, a cambiar.
-Ven… Vamos, ven conmigo al salón, no puedes quedarte aquí, podemos tomar algo juntos – le ofrezco mi mano, e increíblemente la acepta inmediatamente.
                                   *                     *                     *                     *
Cuando llegamos al salón, encontré a Jesús buscándome y nada más verme suspiró.
-¡Rebecca! ¿Dónde estabas…? – señalo a Fran que está detrás de mí.
-Él es solo – realzo la palabra “solo” - un amigo, estuvimos hablando sobre… Sobre su banda. Lo siento si te preocupé, Jesús. Estoy bien – Jesús asiente y los jóvenes se dan la mano y se presentan. Más tarde, Fran se disculpa porque se tiene que ir a preparar la batería para más tarde tocar con la banda. Tienen mesas con aperitivos para que la gente coma mientras un cuarteto de flauta, violín, viola y violoncello toca una obra de Mozart en G. Podrías bailar con Jesús, hacéis muy buena pareja. Ay, ya está mi yo interno hablando sin saber.
-¿Bailarías conmigo, Rebecca? – oh my god. Lo ha hecho, me lo ha pedido.
-Claro, Jesús. Aunque… No sé bailar – y me ruborizo. Noto la sangre ardiendo en mis mejillas.
-No te preocupes, Rebecca, solo sígueme y mantén la calma.
-Te pisaré – le digo.
-No te voy a despedir por pisarme – y suelta una tierna carcajada. Asiento y nos dirigimos a la pista de baile. Solo me dejo llevar. –Lo estás haciendo muy bien – me susurra y me mira a los ojos. Dios. Bésame. Bésame. Bésame. El corazón me va a mil por hora y  por fin lo hace, nuestros labios colisionan y quiero parar este momento. Congelarnos y vivir así, besando los labios de Jesús y observar sus ojos azules como el hielo durante toda mi vida. En este momento, podría decir que lo amo.
                                   *                     *                     *                     *
Dios. ¡Qué sueño! ¿Qué pasó ayer? Rebecca, no es propio de una dama emborracharse como tú lo hiciste. Jesús tuvo que traerte a casa. Después del beso empezaste a beber. ¿Qué clase de dama eres? Jesús ya no volverá a salir contigo. Ahora, dúchate, desayuna, lávate los dientes y vete al hospital a ver a Eric. ¡Ya! Vaya. Mi yo interno parece mi madre, pero quizás tiene razón. Tengo puesto el pijama y tengo resaca. ¿Me trajo Jesús a casa? Sí… Ahora lo recuerdo mejor todo, pero ¿quién me vistió? Esa es una respuesta que no tengo, debo preguntarle a Jesús qué pasó exactamente, porque mis recuerdos están borrosos. Hago todo lo que mi yo interno me ha ordenado.
                                   *                     *                     *                     *
Son las 12:30. Estoy a la puerta de la habitación 1416 e increíblemente la habitación está vacía. Deben de haberle dado el alta al hermano de Eric, decido acercarme y preguntarle a una enfermera que está en el pasillo…
-Perdone, ¿Sabe si le han dado el alta a… Mario, el joven de la habitación 1416? – pregunto tímidamente.
-Srta…
-Johnson. Dígame, por favor – suplico.
-El señor García… – suspira. ¿Qué pasa? –Murió a las 9:28 de esta mañana, Srta. Johnson.

2 comentarios:

  1. Lo sabía. Fran es un cretino, pero se enamoró locamente de una foto.
    ¿El hermano de Eric ha muerto? Pobrecillo :(

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    1. Sí, tengo que admitir que me costó mucho escribir sobre la muerte de Mario.
      ¡Gracias por leerme!

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